El futuro… ¿ya está aquí?

¡Pasen y vean, oh maravilla, oh asombro!… Pues de eso se trata, ¿no?. ¡Más veloz, más alto, más intenso, más difícil todavía!

No tengo nada en contra de lo sorprendente. Me preocupa lo efectista… ¿Una opinión personal, si se me permite?: lo esencial, lo importante, suele ser MUY SIM-PLE. Pero, claro: ésta es la típica opinión de un pobre viejo…

¡Que el espectáculo continúe!…

Los deslumbró, claro…

 

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Eduardo Salles

Ilustrador “pos-posmoderno” mejicano (AQUÍ su blog). Sus ilustraciones me hacen pensar en el tiempo que llevo perdido, pues sus ideas bien las he podido tener yo antes, aunque nunca me puse a ello… Eduardo sí. ¡Bien por Eduardo!

En serio… Son un interesante ejercicio de “meta-lenguajes” y de mala leche: ambas cosas me interesan (sobre todo la segunda). Aprovecho, además, para sugerir este enfoque “pos-posmoderno” a mis presuntos futuros alumnos en la realización de un presunto futuro ejercicio de cartelería “pos-posmoderna”.

Colores planos e iconos de esos que véis y utilizáis día y noche, día y noche, día y noche… en una visión más allá de lo real… quise decir virtual (pues… ¿qué hay nada más real que lo virtual?)… Lo dicho: poned neurona con neurona y tratad de disparar las sinapsis, ¡hasta que salte la chispa de la inspiración!

¡Suerte, chamacos!

Vedlo AQUÍ.

Se llamaría "elipsis", en un lenguaje animado. ¡La vida está lleeeena de "elipsis" como ésta!... Tratad de evitarlo (consejo paternal)

Se llamaría “elipsis”, en un lenguaje animado. ¡La vida está lleeeena de “elipsis” como ésta!… Tratad de evitarlo (consejo paternal)

Poco dinero y mucha inspiración (“The Texas Chainsaw Massacre”)

La vi en Bilbao, junto a mi pareja de entonces (una chica sensible, hecha y derecha, pero empeñada en ser dura, que debió tener pesadillas durante varias semanas), en el cuarto año de mi carrera de Bellas Artes: 1988, probablemente. Aun quedaban cines urbanos; de esos de grandes plateas, a dos patadas de la casa de uno. No me sobraba el dinero; ni siquiera ese año, el primer curso en el que cobré una beca decente. Así que dejaba los gastos en cinefilia sólo para las ocasiones realmente especiales; y ésa película, se decía, era imprescindible verla.

Puede que necesite un engrasado. ¿Voluntarios?…

“La matanza de Texas” es una película de serie Z que produce un efecto de superproducción. Me refiero a la proporcionalidad del impacto respecto al presupuesto, claro; aunque todos sepamos que se pueden gastar 200 millones de $ en una perfecta gilipollez (hay numerosos ejemplos). Al menos yo hablo por mí, ya que es cierto que el desasosiego, que aun recuerdo con una especie de “placer” -y no he vuelto a ver la película completa: temo que me decepcione y la “magia” se esfume-, es de los que uno siente de forma genuina, presionado contra el asiento, paralizado, sin apenas rastro del efecto distanciador de lo “intelectual”: puro terror primario, animal.

Por lo tanto, es un producto audiovisual de tremendo mérito esta “matanza” (casi literal: se sabe que muchos de los actores han muerto a una edad no muy avanzada; aunque el gigante islandés, NO NORUEGO, Gunnar Hansen, aun disfrute de su corpulencia). Yo no diría “obra maestra”, un término del que se abusa, ya que a éstas se les supone una perfección de todas sus partes; un equilibrio que, además, trasciende los siglos.

Lo que sí es evidente es que en 1974, en unas condiciones demenciales y con cuatro “pavos”, unos pocos chiflados fueron capaces de darle forma a una pesadilla, al tiempo que resolvían problemas técnicos elementales con una eficacia y dignidad contundentes. Gran parte de la creatividad consiste en eso (lección que aprovecho enviar a los que fueron o serán mis alumnos). Y esto resulta evidente en varias secuencias y escenas de este “grand guignol” surrealista y sangriento. En un artículo de “El País”, publicado hoy, se mencionan algunos.

¡Cuidado con “cara de cuero”!

Me he ido dos días…

… y nos han dejado Robin Williams y la sublime, la maravillosa y mítica Lauren: la Bacall. ¡Nada menos!…

Uno sabe que se van a ir, más tarde o más temprano, pero tiende a pensarse en la posibilidad de que una Gene “Laura” Tierney (véase Preminger) o una Estella “Stanwyck” Dallas inmortales (véase King Vidor) estén entre nosotros eternamente; o que, al menos, ellas nos sobrevivan, a pesar de que las leyes naturales y nuestra esperanza de vida nos decepcionen.

Le hace a uno pensar, ¿no?: el ocio y la luz de una vida, aun resistente, que se prodiga en el meridión, al tiempo que el ocaso extingue, para siempre, un viejo faro: un fantasma bellisimo y vigente… Nos llegará la hora a todos: tan indiferente el silencio de su ultimo índice en los labios; y tan transidos. No importa…

Williams… El payaso triste es un tópico, pero me da lo mismo: es la primera idea que me asaltó la mente al saber de un hombre que se cuelga con su propio cinturón; al recordar la tristeza latente e implícita de una mirada que escuchaba, en el año 1990, la letanía admirada: “¡Oh, capitán, mi capitán!”, de Walt Whitman… Fue otro tópico escuchar el desprecio de la crítica a un tipo que debía ser, esencialmente, bueno. Me lo dice alguien que se lo encontró un día en un desierto y estival Museo Thyssen-Bornemisza; y observó la sonrisa cómplice de un tipo solo y, seguramente, humilde. Lamento su muerte; siquiera porque su imitación “gay” de John Wayne (“Una jaula de grillos”) siempre me hará reír; entre otras muchas.

Descansen en paz Williams y Bacall. ¡No se puede uno ir de viaje!… Adios.

I-RRE-SIS-TI-BLE

Perplejidad…