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“PERDIDA” (Gone Girl, by David Fincher)

No es mía la idea, pero es cierta: el Gran Arte es más grande que la vida. Lo vemos en Cervantes, Shakespeare, Tolstoi, Clarín, Conrad, Von Stroheim, John Ford, King Vidor, Orson Welles, Wilder, Fellini, Kurosawa, Minelli, Hitchcock, Nolan… Pero es, además, otra cosa. Sí, precisamente esto: OTRA COSA… Me refiero a que, exponiendo arquetipos, personajes y actos alegóricos, dramatizaciones verosímiles o no, ese Arte grande nos dice más sobre nosotros y sobre lo que nos rodea (y con mayor precisión y concentración) que la vida misma; la cual supera a la ficción, claro está, en su inexorabilidad y en la potencia inmediata de sus efectos, aunque, la mayoría de las veces, sea la rutina diaria mucho más aburrida.

No quisiera divagar demasiado, pero mi introducción se refiere a la forma en la que Fincher y su guionista -Gillian Flynn, autora, a su vez, del libro en el que se basa la película- nos ofrecen, con una nitidez, precisión y fluidez poco comunes, una visión alegórica y compleja de una pareja en concreto, sí (aunque investida ésta con esa universalidad que el Gran Arte posée); pero también acerca de la clase de sociedad y medio en el que vivimos. Además, la calidad del texto (literario, por supuesto, pero también en su traducción a la puesta en escena), es extraordinaria.

Las temáticas involucradas, aludidas, implicadas y hasta diseccionadas, son intrincadas y múltiples; y, por tanto, múltiples las lecturas:

  • La bifurcación que separa los ideales y la feliz perfección de las ficciones, del terrible, despiadado e imperfecto mundo real ** (téngase en cuenta ese hábil truco narrativo que convierte a Amy –un auténtico ángel, encarnado por Rosamund Pike– en inspiradora de un personaje de ficción, maravilloso y admirable).
  • La relatividad de la visión/percepción y, por tanto, de la verdad o la mentira.
  • El papel de los medios de comunicación en esta sociedad afectada por serias y profundas patologías (la ceguera por “deslumbramiento” o “exceso de información”, podría ser una de ellas. En este sentido, resulta muy elocuente el hecho de que decenas de cámaras, en una mansión hiper-tecnológica, no pueden evitar que la verdad se oculte -que se finja, más bien- delante de sus propias “narices”… por no hablar del resto de los acontecimientos, con cientos de periodistas siempre al acecho).
  • La naturaleza de la “tela de araña” de convenciones y conveniencias que, inevitablemente, nos suele atrapar… y en la que nos acomodamos.
  • La posibilidad de que alguien -claramente una psicópata, en este caso- sea capaz de maquinar, difamar, asesinar y manipular a sus más allegados, así como a la totalidad de su entorno y comunidad, con tal de amainar los efectos del orgullo herido, al tiempo que satisface sus ansias de poder y bienestar… y hacerlo impunemente (por supuesto, la mayoría de los “psicópatas” que nos rodean -suponiendo que no lo seamos todos, de alguna forma- nunca llegan a rebanarnos el gaznate, ya que casi nunca resulta necesario llegar tan lejos: supongo que basta con que nos roben, nos arruinen o, simplemente, nos hagan la vida imposible o muy desagradable).

La película es como un tremendo mural; o, tal vez, una especie de sinfonía, sin apenas estridencias o extravagancias (nada parecido a “El club de la lucha” o “La habitación del pánico”, por ejemplo), que indaga en la sofisticación del cinismo y la mentira, apoyado en el propio cinismo más lúcido y más mordaz. Su efecto se hace notar poco a poco, pero llega muy lejos; y lo hace de un modo devastador… Hablando de “sinfonías”: la música de Atticus Ross y Trent Reznor, viejos y muy efectivos colaboradores de Fincher, acompaña las imágenes como una especie de suave corriente, siempre inquietante. Si le hemos de achacar algún defecto, es que suele evocar escenarios ético-psico-mentales demasiado homogéneos; y su consiguiente y relativa previsibilidad.

En fin, podría rebuscar más y más en las entretelas de esta película, cuyo guión, al menos, va a ir de cabeza a la nominación anual de ya sabéis qué premios. Por tanto, si se me ocurre alguna otra idea, prometo desarrollarla y añadirla a lo ya publicado. Excelente el “casting” (insisto: esa especie de blanca belleza celestial de la Pike es un acierto absoluto), en el que incluso Ben Affleck nos convence. La fotografía es más que correcta, sin grandes exhibiciones (Jeff Cronenweth).

** Por mucho que el mundo real que la película muestra sea, igualmente, ficticio. Pero tiene su narración el mérito de “envolvernos” en esa ficción: de hacernos partícipes de ella.

MUY recomendable

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3 Respuestas a ““PERDIDA” (Gone Girl, by David Fincher)

  1. Alejandro ⋅

    David Fincher, GENIO. ”Perdida”, para mí, OBRA MAESTRA del cine actual, como anteriormente marcó un antes y un después en el cine con ”Se7en”. Saludos Antiguo Profe. Alejandro

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