Declaración de amor a Maureen O´Hara

Se menciona un homenaje (sin duda merecido) en la anterior entrada de este blog; pero lo cierto es que, ahora que caigo, veo que todo en él quizá haya sido tan solo un prolongado homenaje: a los que se nos han ido muriendo, por supuesto; pero también dedicado a un ámbito de creatividad y Arte que -como todo hoy en día- parece esfumarse, poco a poco… O, al menos, la forma en que los de mi generción y aún mayores lo hemos conocido y apreciado.

Así, no sería lógico que un blog concebido con estas trazas -este humilde “cuaderno de bitácora”- se olvidase de Maureen O´Hara, a quien he debido amar desde que pude verla, aún en el paupérrimo y titubeante blanco y negro de aquel televisor “ÍNTER”, deslumbrante en alguna película de John Ford, casi con toda seguridad. Lo cierto es que ahora lo que me pide la nostalgia es hablarle a ella, ya que…

“¿Sabes, Maureen?: me acordé de ti el día en que debías morir, ¡sabe Dios por qué!… Quizá tú representabas el último resto de un mito que aún pervive, pero que se agota. Yo era tan sólo un niño, que apenas empezaba a conoceros, cuando vosotros ya descansábais o “decaíais” -la mayoría, o una cosa u otra-, tras décadas de gloria y adoración global: ¡estrellas de Hollywood!… Me pregunto cómo se ve una vida tan larga cuando se ha pasado por ella así y, sin embargo, el sentido de esto -como a todos nos ocurrirá- se va reduciendo a una franja cada vez más estrecha, hasta la disolución completa del tiempo y de la consciencia… No obstante, al recordar tus ojos y todo tu rostro, sólo me los puedo imaginar firmes, determinados y dulces hasta el final: un intenso revuelo de complejidades, matices y franqueza.

Lo cierto, Maureen, es que a veces uno se plantea si no acabará por ser más real la vida que yo vi en esa sombra de ti como Esmeralda, cuando sube ella a la picota y le da de beber al monstruo; o en medio del verdor y la grisalla de Irlanda, a los que, quién sabe si impulsado en parte por tu visión, yo acabaría acudiendo y habitando… Más real acaso, como decía, la huella de tu sombra en mi frágil memoria, que la vida que yo palpo y vivo (a menudo, a mi pesar; ¡y ya privada de tantos sueños!). Es por ello -me aventuro a conjeturar- que una parte de mi impulso restante se apoya en vosotros, los “mitos”, que sois como sueños soñados con los ojos bien abiertos y fascinados… Tú siempre fuiste uno de los más admirables y conmovedores; hasta cierto punto (sé que te vas a reir), REAL.

Y es que no pude ver una imagen de la compasión y de la piedad más bella y conmovedora que en esa plaza medieval, parisina, idealizada y casi onírica, que orquestó el gran Dieterle: ese agua que le dabas al jorobado Laughton aún moja y alivia: no se puede decir más; excepto, tal vez, que se sentía en ese gesto y en toda la secuencia, al mismo tiempo, una estremecedora carnalidad, difícil de explicar… Tampoco hay otro contrapicado de medio perfil, una salida de plano en profundidad de campo más prometedora que la de Mary Kate Danaher, cuando mira de soslayo al recién llegado de los “States”… ¡Por no hablar de esas portentosas coreografías de besos, tormentas y mamporros!… Ya antes, en un blanco y negro deslumbrante (¡Arthur Miller!), tu velo describió un vuelo mágico al ritmo de un bello himno galés y de uno de los más delicados “trávelins” de este arte sublime llamado cine… ¡Y te emocionaste sinceramente al recordar al viejo Jack (John Ford) en aquella entrevista para el documental de Lindsay Anderson!: inolvidable…

En fin, Maureen: hay ausencias que nos hacen un poco más pequeños y nos recuerdan nuestra propia insignificancia. Pero hay -¡aún queda!- una parte dentro de este precario ser que se sustenta en ti: en tu pelo rojo y en tus ojos verdes, maravillosamente expresivos; en la línea delicada y perfectamente definida de todos los encuadres posibles de tu rostro; en una voz de timbre y modulación recios y, al tiempo, delicados. Te echaremos de menos… hasta el día en que nos encontremos en las praderas de Tír na nÓg”.

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Paying homage to The Fall

Simplemente, me parece una obra maestra. Y describe mi estado de ánimo con una precisión inconfundible. Enjoy it!

” Stick it in the gut
Stay in the mud
They take it from the medium poor
To give it to the medium poor
Via the government poor
And give it to the poor poor
Stick it in the gut
Red composite
Wealthy philanthropist
You son of a bitch

Entranced
Entrance
Entranced”…

Mejoras apreciables (sobre todo tras tres años y pico de tortura), pero…

La empresa que instaló los ascensores de mi comunidad (un total de seis; y creo que ya no es necesario mencionarla) ha filtrado, por fin, los armónicos que se colaban en todos los altavoces, a decenas o cientos de metros a la redonda. Y debo agradecérselo, públicamente. Sin embargo…

Otros muchos aparatos sin “filtrar” aún me rodean y, por supuesto, se dejan notar; si bien, no con la intensidad insoportable de hace apenas unos pocos días. Por ejemplo: los ruidos que tan solo con el amplificador en stand-by ya eran perfectamente detectables, ahora son inaudibles o absolutamente despreciables.

El problema es que, en este punto, las empresas que estarían implicadas podrían ser no una, sino dos: la propia ORONA y la que, al parecer, instaló los ascensores del edificio que completa esta misma manzana. Tengo entendido que se trata de SCHINDLER (en cuanto confirme la “autoría”, se lo haré saber a éstos a la mayor brevedad).

Una reflexión: que seamos los usuarios -y no las Administraciones, las leyes y normativas por éstas promulgadas, o los organismos que debieran ser competentes en tales asuntos- los que hayamos de batirnos contra estos gigantes, cual “quijotes”, en desiguales y singulares duelos y combates, dejados al albur de las buenas o malas voluntades de aquestos titanes… ¡Da que pensar!, ¿verdad?… Ahí lo dejo; y hasta aquí puedo leer.