Publicado el

“El hijo de Saúl”: la muerte no es el final

Hijo de Saúl-Nemes, 2015-Reduc

Dicen de la persona ética que no espera recompensa de su postura y acción moral. Sin embargo, esto no es exacto: la persona ética confía en que los demás acuerden con ella (o con él) la coherente reciprocidad de sus acciones u omisiones. Este acuerdo es la esencia del Contrato Social; y éste, a su vez, el cimiento de la propia Civilización.

Lo que pone a la persona ética en un punto de perplejidad, primero, y de planteamiento de renuncia a sus propios principios, a la postre (con un sentido último realmente utilitario para éstos, no necesariamente moral), es la proliferación de una crisis: la del propio modelo social que se basa en el Contrato Social.

Es la Ley -el acuerdo entre todos de un corpus legal, que se ha de acatar- la expresión de este contrato; pero resulta inútil la redacción de ésta, por muy exhaustiva que sea, si se propaga un empeño anti-ético entre una mayoría indolente o hasta esforzada en pervertir y manipular el significado de no importa que meridianas prescripciones y coerciones. Ya que, si se busca y aplica la trampa incluso antes que la Ley; y si la propia Ley se retrae, como enredada en sus propias contradicciones garantistas, entonces descubren los tramposos que la rentabilidad del respeto al Contrato es escasa o nula. El proceso así iniciado es como una reacción en cadena, con un repentino e imparable punto de no retorno, que sólo a los incautos o a los estúpidos puede sorprender.

Otra expresión (más bien reacción) ante este caos, reino de los ventajistas y de los más fuertes, es otra suerte de contrato: se parece mucho al primero -que históricamente es, en realidad, el último-, pero se distingue del mismo en que su naturaleza no es negociada, sino impuesta. Una minoría muy amplia, por lo general -a menudo avalada por un consenso mayoritario: por aclamación o, siquiera, tácito-, declara una especie de “estado de excepción”, que se pretende, en realidad, generalizar y perpetuar. A menudo se llama a esto “fascismo”; o totalitarismo. Lo cierto es que el fascismo es tan antiguo como la propia Historia, muy anterior a la segunda década del siglo XX. Sea como sea, es producto de la propia Civilización, y acude al rescate de los distintos contratos sociales con una cierta frecuencia: más bien, para imponer el suyo. A los disidentes los convierte en prescindibles -o, directamente, en cadáveres- y a los predadores en héroes.

Goya acuñó la misteriosa e inquietante frase que dice: “El sueño de la Razón produce monstruos”. La verdad es que es la puesta en práctica de ciertas razones la que desata los monstruos más atroces, salidos de las más cotidianas -y francamente HUMANAS- cajas de Pandora. Se trata de ese submundo terrorífico, incómodo y siempre latente, que permanece controlado por las fuerzas de la ética y la tensión aceptable de los contratos y las creencias morales, el cual bien podría ser llamado “subconsciente social”: todo un infierno, que hemos sometido tras el esfuerzo de millones a lo largo de milenios. ¿O hemos creído hacerlo?… Al fin y al cabo, son los más terribles, de todos aquellos monstruos, los que contemplamos al mirar en un espejo.

Así, entretenidos en este ejercicio de miradas, tras un somero vistazo al mundo que nos acoge, ¡en estos días!… se nos podría venir abajo tan optimista premisa: la de que la Civilización ha superado la tentación al Horror; su capacidad, en definitiva, de dejarse llevar por los más espantosos e irreversibles sumideros.

En fin, este preámbulo, tan extenso como poco riguroso, responde hoy a una necesidad: la de reflexionar en torno a una película. Se trata de “El hijo de Saúl”, de László Nemes, autor húngaro debutante (lo cual no quiere decir que sea un mero aprendiz en el medio audiovisual: sus credenciales incluyen la asistencia en la dirección a su paisano Béla Tarr), que recibe actualmente los más distinguidos parabienes y premios por esta su primera película larga de ficción.

No pretendo profundizar ni ser demasiado minucioso; al menos, no en principio. Pero me acucia el impulso de expresar -sin necesidad de entrar a fondo en el riguroso y extremo planteamiento técnico-narrativo de la planificación de esta película- la sensación de horror que transmite. Esta necesidad tiene que ver con lo que evoca, más que con lo que muestra “El hijo de Saúl”. Tal contención ya define uno de sus principales méritos. De hecho, es tan radical su propuesta, que se podría encuadrar en cierto tipo de relato audiovisual, más próximo al llamado vídeo-arte que al lenguaje creado por Griffith y tantos otros. Lo cual no quiere decir que no se trate de un film narrativo y, en este sentido, perfectamente legible.

Entonces, ¿qué es lo que distingue a “El hijo de Saúl” de “La lista de Schindler”, por ejemplo?… No seré el primero en apuntar esto: la película de Nemes nos sumerge en el infierno. ¿Por qué lo consigue?… Toda narrativa convencional obliga a adoptar una cierta distancia: ya sea por la familiaridad con que la percibimos, o porque es una de las premisas que la naturaleza semiótica del relato impone. De alguna manera, Nemes anula o acorta esa distancia al mínimo posible. El “truco” es sencillo: la cámara se “pega” a un personaje, el protagonista (rara vez busca el enfoque más allá de él), y la óptica reduce su profundidad de campo a poco más de un metro. Además, la planificación de cámara en mano (steady-cam, más bien, doy por hecho) se prolonga en tomas de planos-secuencia.

Dicho así, parece fácil; o, quizá y por el contrario, se nos antoja difícil que tantas limitaciones funcionen. Lo cierto es que lo logran. Quiero pensar que lo que hace que esto sea así es la obsesiva persecución a la que se nos obliga como espectadores: nos convertimos en esclavos de esa mirada, como si estuviéramos atados al protagonista y éste tirase de nosotros: ¡esclavos, pues, de otro esclavo!… Lo que me recuerda otra extraordinaria película de Elem Klimov, precisamente llamada Idi i Smotri: “Ven y mira” (1985). Es indudable que Nemes es consciente de este precedente; y que, de forma deliberada, se ha inspirado en él.

Así pues, resulta que hay ciertas películas que, con escasos elementos, parcas y de elocuencia limitada, diálogos escuetos o casi nulos, logran transmitir algo más. En este caso concreto, lo que me resulta sumamente inquietante y perturbador es la sensación casi inmediata que obtengo de la frialdad industrializada con la que el más atroz de los horrores se puede llevar a cabo. Asimismo, el efecto devastador de la deshumanización del Humano. Todo esto se palpa en “El hijo de Saúl”.

Y resulta tan próxima esta inmediatez que, además, me perturba con otra certeza más, aún más devastadora: toda realidad es posible; y toda circunstancia y hecho son, por tanto, repetibles. Incluso los más espantosos… Las coartadas para los miserables siempre han sido -y son- infinitas. Ignorarlo es muy peligroso… Pero vivimos en unos tiempos en los que todo es ignorancia, la cual ¡incluso! se premia: con dinero, con estupidez gozosa, con paz de espíritus ciegos y con estupefacientes para cerebros de trépano voluntario.

Para terminar, quisiera añadir que ese “hijo” de Saúl -resistente, “superviviente”- constituye, para mí, un símbolo: el que el propio Saúl sublima, al empeñarse en recuperar una fracción de Dignidad y de Humanidad, en medio de la anulación de su espíritu y del de sus semejantes, aún peor que la aniquilación de sus cuerpos (del que éstos son tan solo una apariencia contingente de esa esencia): una especie de búsqueda de cierta trascendencia, mucho más allá de parentescos o de convenciones genéticas. En definitiva, ese hijo representa a todo un pueblo; a la Humanidad entera… Una representación del propio Dios, si lo entendemos a Éste, siquiera, como una idea de lo Absoluto, empeñado en no morir: en redimirse y en redimirnos, después de todo.

Anuncios

Acerca de ofisiswithoutastone

There´s is more to the picture than meets the eye... http://sisifoavejentado.blogspot.com.es/ http://balzueleye.blogspot.com.es/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s