Señuelos (“la vida es esa cosa que (se) te pasa mientras opositas”-I)

Podrá leerse el final de esta desternillante o conmovedora serie breve justo AQUÍ.

Hace días “sorprendía” a algunos seguidores (debo tener un total de cinco) con una confusa diatriba de sospechosas y trasnochadas connotaciones reaccionarias. Parecía decir un servidor -entre otras incongruencias- que la disgregación ofrecida por la libre expresión de las ideas (esto es, precisamente, lo que yo pongo en duda: su libertad) a lo largo y el ancho de banda; creciente, tal expresión, en forma geométrica y exponencial, por unidades temporales cada vez más cortas; es, como decía, justo lo opuesto a la democracia; o a la libertad; o, incluso, a la inteligencia. ¡Bien!: las apariencias a veces no engañan… Pero esta hipóteis no es, ni siquiera, original: estoy seguro de que Zizek, Todorov o Houellebecq ya lo han planteado, mucho antes que yo, de manera más brillante.

Ciertamente, la deriva desmesurada e inabarcable de la información-opinión no ayuda al progreso: ¡no necesariamente! Tal vez, incluso, muy al contrario. Un buen ejemplo de ello son las leyes que pretenden paliar algunas de las más inveteradas realidades y esencias humanas: las llamadas “leyes de la memoria histórica” o “contra la violencia de género”. Bienintencionadas o no, lo que cada día resulta más obvio es que sus efectos son, más bien, contraproducentes. Esto es algo que no va a reconocer la Neo-iglesia Neo-inquisitorial de las Buenas Esencias del Empoderamiento Anti-hetero-teo-patriarcal (de acuerdo: esto que ahora postulo SÍ es político); pero sus planteamientos revisionistas de “primer curso de revolución cultural” anti-libertaria -no precisamente muy sutiles e ignorantes de aquéllas inveteradas esencias- revuelven al avispero de los antirrevolucionarios, a menudo armados éstos (¡y aliados!) con los argumentos más aplastantes: los de la más elemental decencia y los del más prístino sentido común.

Por supuesto, aquéllos que sí se pueden considerar como reaccionarios puros y violentos vocacionales, gozan ante el espectáculo de los “provocadores”: así su “misión” cobra sentido. En definitiva, los extremos provocan y dan alas a sus facciones simétricas: tanta torpeza podría parecer enternecedora, si no fuera tan peligrosa.

En todo caso, y al margen de mis disquisiciones más genuinamente políticas: me reafirmo en mi necesaria y legítima puesta en duda de cualquier dogma. Superados los más clásicos, y alcanzado el éxtasis más radical y conceptual de los modernos y pos-modernos a lo largo del siglo XX (un auténtico callejón sin salida), me rebelo de forma individualista, y ya privado de toda esperanza… ¡que no sea la mía propia!; es decir: de aquélla que dimane de mí mismo; resignado, si fuese necesario, a la irrelevancia y al “silencio de Dios”: de ése que nos da sentido y nos impulsa (a veces lleva nombre de filósofo o de crítico de arte). Y, si hay que pasar por la figuración fotográfica, ¡pues se pasa!

A aquéllos intrigados por mi silencio: otro día prometo hablar (en otros foros, seguramente) de LAS OPOSICIONES; de las INTERINAS: de su ruina, de su injusticia, de su crueldad, de su absurdo, de su desolación, de su insolvencia, de su destrucción, de su vómito, de su estupidez, de su españolidad, de sus derrotas (por definición, son la mayoría), de su inoperancia, de su impotencia, de su naturaleza letal y obsesiva, de sus trampas, de sus corruptelas, de su inutilidad, de su estupidez, de su inutilidad, de su estupidez, de su inutilidad LETAL, ¡de SU LETALIDAD INÚTIL!… ¡Ah, pero nadie mentará una Ley Sacrosanta contra la destrucción letal, obsesiva, vomitiva, destructiva, estúpida, hispano-derrotista e inoperante-derrotada, desolada, cruel y asoladora de una muy hetero-homo-patria-matria-transversal generación, impotente y completa!… ¡JAMÁS!: mencionar lo más grave, extendido y urgente, se considera subversivo; y aparta a las masas estúpidas de los mil señuelos que las sobrevuelan.

Disfrutad, pues, de vuestras reivindicaciones divisorias y de género, mientras acaban con tod@s… como diría Mr. Arcadio Sword: “¡mi liberada!”.

P.D.: La verdadera “brecha salarial” -un abismo, más bien- la padecerán/padeceremos los “prescindibles” del E.R.E. masivo y cuasi-estatal en Educación (ya irán cayendo, poco a poco, otros colectivos), a partir del próximo primero de septiembre. Y los caídos serán de los dos o tres sexos, sin discriminación que valga: todo un “logro social”. (E.R.E.: Expediente de Regulación de Empleo. En román paladino, significa “echar a la gente a la puta calle”).

 

Anuncios

“Minorías” neo-tiránicas: por una recuperación de la AUTÉNTICA esencia del Arte

G. del Valle fue mi profesora de Dibujo en BB. AA. Casi aleatoriamente, lo fue. G. del Valle podría llamarse ahora del Balle; o Aranak. G. del Valle era una encantadora y muy pizpireta señorita, desenfadada e inconfundiblemente vinculada a cierta “corriente de opinión” en el País Vasco: la misma que, sin gobernar del todo, manda y decide allí hoy en día; y, por lo que a mi vida restante respecta, lo hará ya para siempre.

G. del Valle, al ver mi dibujo a lápiz de un panecillo del comedor de la U. P. V., ya mordisqueado, y de una manzana roja, exclamó: “¡Es Realismo Madrileño!”… Yo por entonces no tuve claro a qué se refería, pero ahora comprendo que me estaba insultando; o, como mínimo, desprestigiando. Después de todo, mi fidelidad fotográfica y mi propia cántabro-españolidad tenían que asociarme a cierta superficialidad e irrelevancia consustancial a casi todo lo hispano; sobremanera, al ser cotejada esta inmanencia con la muy arraigada y telúrica profundidad de la tradición vasca, siempre tan relevante y trascendental: siempre tan moderna… ¡Sublime tosquedad!

Podría discutirse si esto es así o no; pero lo que sí que es evidente es que esa postura de lo vasco y ante lo vasco -subrayada, promocionada, subvencionada, amplificada, desmesurada y deificada hasta el punto de que la baba de toda la intelectualidad cómplice, de allá y de aká, nos empapa a todos- es una inconfundible POSTURA POLÍTICA de cierto “mainstream”, ampliamente consensuado; y por muy sorprendente que esto parezca.

Dibujar bodegones hiperrealistas, a modo de forzado testimonio compensatorio, también habrá de devenir en una forma de manifestación política… ¡O eso está empezando a parecer!

Aquéllos que piensan “ce qu´il faut” en el mundo del Arte se alarman hoy en día ante los serios indicios de una inquietante presencia: la de una renovada tiranía, expresada en forma de censura. Modestamente, creo que yerran el tiro (en todo caso, ellos mismos, como todo poder bien afianzado, han terminado por hacer brotar su propio tipo de tiranía).

Los poderosos actuales -los presuntos censores, de naturaleza política- resultan inofensivos: a un nivel de inmanencia relevante y trascendental, quiero decir, lo son… Su juego es demasiado evidente, rancio, ignorante y burdo. Su poder sólo sirve para especular, engañar, estafar y robar; no sólo dinero: esperanza, ímpetu y futuro son los más decisivos y afectados intangibles víctimas de su desvergüenza… ¡Pero se les ve venir a mil leguas!

(No hace mucho escuchaba a Juán José Millás confirmar, en Santander, mi ciudad, en donde ya sabemos mucho de ello, que nos han arrebatado hasta el futuro, que es la esperanza. Que Millás se pudiera considerar parte del “mainstream” -la corriente dominante: disculpen el anglicismo- sólo constituye una nimia incongruencia en el actual contexto: todo el mundo tiene derecho a pensar con lucidez y a ganarse la vida, dos coyunturas AÚN compatibles).

La “oposición” es MUCHO más peligrosa: estos anticuerpos sociales, aparte de disgregados y, en consecuencia, débiles, carecen de una finalidad clara; a no ser que la “deconstrucción” de todo pueda ser considerada como una finalidad. No pocos lo estiman así, imbuídos por un espíritu neorrevolucionario y “líquido”, cuya principal incongruencia y debilidad es esa disgregación anti-todo y, básicamente, pro-nada: en esta falta de solidez se apoyan todos los demás, los auténticos revolucionarios en la sombra: aquéllos poseedores de, al menos, un paradigma; casi siempre totalitario.

Espero que se me entienda (mi propio agnosticismo es sólido y coherente: al menos, parte del conocimiento de La Creencia) cuando diga que veo la situación actual como un nuevo y muy ufano periodo de paganismo, aún no desaforado: sus rituales, a veces desquiciados y sangrientos, se refrenan aún por el “lastre” de la Civilización; pero son muchas ya las que se han esfumado a lo largo de la Historia: a menudo en procesos de neo-paganismo como éste de hoy en día. Internet sólo está acelerándolo: esta endiablada y supersónica dialéctica -que, no nos engañemos, es un mero juego de Poder: como siempre lo fue- empezó por una contemplación beatífica (¿New Age?) de la propia heterogeneidad humana: hoy en día, atomizada, la naturaleza humana tiende, como siempre ha hecho, a la radicalización de las posturas y al control de los individuos y de las sociedades. Por ello, SECTARISMO es la palabra clave: perfecta para identificar y describir este virus.

Se diría que las sociedades modernas, multifacéticas, se re-constituyen en SECTAS (tan líquidas y volátiles como queramos, pero igual de peligrosas: su movilidad, intangibilidad e indefinición las convierten aún en más letales). Las neo-religiones se sostienen, entre otros y sin duda, en los nuevos dogmas de la política “correcta”. Sin embargo, éstos dogmas, así como las “sectas” que los proclaman, son la parte más conspicua del neo-paganismo. Me atrevería a decir, incluso, que esta “herramienta” disgregadora tal vez le sirve a otros poderes, más elevados: éstos sí, con una definición de objetivos muy clara. El principio, tal vez, sea algo tan antiguo, simple y eficaz como que “la división deviene en victoria” (y en control; es decir: en PODER).

Añoro el tiempo en que el Arte fue subversivo sin ser abiertamente político; brutal, sin dejar de ser sutil; incómodo, sin renunciar a su propia independencia; eficaz, sin dejar de mostrar las contradicciones: las ajenas y las propias; sublime o procaz en su coherencia incoherente, sin dejar de abominar de los panfletos; Humano, ¡tan Humano!, sin tolerar la cobardía de la censura auto-impuesta; incisivo e implacable, sin abandonar la compasión; exigente, sin descartar, ante todo, la auto-exigencia… Consciente de lo inaprensible, y ajeno, siempre, a los dogmas: al menos, a su propia naturaleza inamovible.

El “mitin” del Arte no está en las explanadas repletas ni en las grandes Ferias de “consagrados”, perfectamente pertrechados por los que les aseguran sus ganancias: su mensaje podría consistir en un dibujo hiperrealista de un panecillo y de una manzana. ¡O tal vez no!… A lo que nunca deberíamos renunciar es a la duda y a una ABSOLUTA Y DESOLADA ausencia de respuestas, en cuyo ejercicio anida la independencia más radical; la más desesperada, inasequible y profunda de todas (para mí, la única posible).

Celebración de la decadencia – II

Tommy Wiseau

Empiezo por “The Disaster Artist”, que es la primera de las dos películas mencionadas que he visto: en su versión doblada, debo decir. Y lo digo porque, aparte de la evidencia de las mermas intrínsecas que implican traducciones y doblajes, la aportación de James Franco a un personaje tan particular -no ficticio y aún vivo: Tommy Wiseau-, en el específico apartado de dicción, tono, inflexiones y acento, resulta absolutamente decisiva.

No obstante, el doblaje me ha parecido bastante logrado. Por fortuna, en este país se domina un arte tan extraño y espurio. Lo que sí me resulta “inquietante”, desde hace ya unos pocos años, es la tendencia a “respetar” -no sé si de forma caprichosa o aleatoria- determinados títulos originales; pero, claro: sólo los de algunos films producidos en el idioma inglés. Tampoco voy a descubrir nada nuevo si digo que -aún siendo anglo-parlante yo mismo- estamos en una especie de “fase terminal”, tal vez irreversible, de colonización cultural universal. Todo ello forma parte de un proceso masivo, en el que, por descontado, Internet está jugando un papel fundamental. La más humillante y claudicante de las posturas de la mayoría de los Gobiernos del hemisferio occidental, sobre todo, amplifica además unos efectos que lindan con lo genocida… Pero ésta es otra cuestión: demasiado compleja para tratarla aquí y ahora.

Y a pesar de esta renuncia a profundizar en semejantes asuntos, lo cierto es que considero que una fracción, nada desdeñable, de la fascinación suscitada por la película y el “aura” de su personaje debe proceder, precisamente, del influjo “colonizador” proyectado sobre las mentalidades y gustos de las muy interconectadas masas de individuos, quienes sólo parecen encontrar sentido a su vida y personalidad en una gigantesca identificación gregaria (por alguna extraña razón, lo estúpido les fascina). Lo cierto es que esta paradoja (que no es, ni mucho menos, novedosa; pero sí es, hoy en día, más extensa e indiscriminada que nunca) siempre me ha intrigado e inquietado: la de los individuos resituando, a modo de reafirmación y protesta ante lo establecido, su identidad en un nuevo contexto… ¡igualmente gregario!: las “tribus urbanas” son un perfecto ejemplo de lo que digo.

Vuelvo al título de esta “serie”: celebración… Va a ser difícil una explicación clara y lo suficientemente convincente del término, dado que parto de una mera intuición. Consiste ésta en la impresión que tengo de estar en medio de una época que, deslocalizada en un océano de datos conexos pero, no por ello, menos caóticos (que aportan una falsa impresión de seguridad y hasta de sabiduría; o, si se prefiere, de tener a nuestra permanente disposición los secretos del buen criterio; al tiempo que, por lo general, éste se ignora), hiper-individualista y claudicante como sin duda es, se dedica a celebrar el disfrute de lo cerril y vacuo: indiferentes o -peor- satisfechos, la mayoría, ante las manipulaciones más retorcidas y falsarias de la historia de la Humanidad: la gravedad de sus efectos aún está pendiente de ser observada en toda su magnitud, me temo.

Así, ante la personalidad -tarada y trágica, no lo olvidemos- de Wiseau y la de su re-encarnación (la protagonizada por James Franco: sorprendente e irreprochable), se celebran hoy, casi unánimemente, los “valores” aquí ensalzados: ¿cuáles son éstos?… Un inciso: el crítico Carlos Boyero ya dictaminó en su día que la película no le “enganchó” como, por ejemplo, sí lo hizo “Ed Wood”, de Tim Burton. El paralelismo entre ambos films salta a la vista, así que no vamos a subrayarlo. Lo cierto es que ambas obras son muy diferentes: en tono, planificación, textura, contexto, intenciones… Por supuesto, si nos mantenemos en el nivel de “valores artísticos”, creo que Tim Burton supera a Franco. Pero puede que no sea ya, siquiera, éste el prisma a través del cual deberían observarse ambas; no en términos, digamos, de mero cotejo.

Éste que les comenta (y, muy probablemente, hastía) disfrutó la proyección, debo aclarar: no me aburrió, y confieso haber reído a gusto. Lo que no me impide ahora rebuscarle la vueltas a todo ello… La película, como digo, hace patente un mal contemporáneo: la exaltación del “friki”; en español: la del extravagante que linda la imbecilidad o la enfermedad mental. En cierto modo, es como si se nos dijese a todos que, sólo con el empeño, el espíritu más indómito, la perseverancia; y en ausencia absoluta de auto-crítica o de “filtros”, estará a nuestro alcance la “gloria” del ridículo más rentable. Se devalúa, con ello, lo Sublime, lo Clásico: lo Milenario y Universal de los valores más complejos, contradictorios, incómodos, estimulantes, inquisidores e inquietantes de la propia naturaleza humana. La doctrina de lo “políticamente correcto” (muy vinculada a estos gravísimos síntomas de Totalitarismo idiotizante) trata con el mismo rasero y unifica, sin dialéctica, sin sutileza, sin crítica ni inteligencia, a una Humanidad reducida a un mero “mercado de ideas estándar” -¿una especie de decálogo?– impuestas para anular lo disidente y la anomalía del que no se adapta a lo homogéneo ni lo acepta por sistema: extrañamente, imponiendo una visión parcelada de lo Humano como un galimatías caprichoso de infelices que fingen sentirse cómodos en su aislamiento o anomalía.

Vean, si no, cómo se olvida destacar que es, después de todo, la herramienta más decisiva al servicio de la “voluntad” de Wiseau una fortuna de millones de dólares (a propósito: de origen incierto). Pero poco importará esto mientras todos los Wiseau del mundo acaben formando parte, en definitiva, del Sistema: el que nos maneja y posée a todos nosotros… Y cuanto más inconscientes, desubicados, desmotivados y desarraigados nos encontremos (desvinculados, pues, de nuestra propia tradición e inteligencia heredadas: lo que podríamos denominar la “experiencia más acendrada y arraigada de nuestros propios antepasados”, que considero insustituible); atados a las voces y mandatos de un “Gran Hermano” global, mejor aceptaremos la estupidez entusiasta como el “valor” más encomiable.

¡Y luego habrá quien se extrañe de que la democracia corra peligro!

 

Cáncer (dedicado a Paloma Chamorro y al espíritu de toda una época)

Jesús Ferrero lo ha dicho: el cáncer nos asola. O eso parece. La última ha sido Paloma Chamorro. No la conocí, claro, pero formó parte -una muy importante- de mi vida. Ella lo hizo, como de la mía, de la de muchos “bichos raros” (que entonces no lo éramos tanto: la “rareza” era una suerte de virtud bien entendida y bastante extendida: ¡de poco nos ha servido!). Su programa “La Edad de Oro” duró apenas dos años, pero fueron decisivos e intensos. Por supuesto, las “fuerzas vivas” al timón de lo correcto (aunque la obsesión por la corrección de los que mandaban entonces era de otro tipo, claro está; no obstante, la obcecación y las nefastas consecuencias de la misma aún perviven en diferentes huéspedes, perfectamente fanáticos e intransigentes, con el agravante de “presunto liberalismo”) opinaron que su digno buque no debía consentir cruzarse en el ancho mar con semejante barcaza de dementes, viciosos, iconoclastas, minoritarios y transgresores de todo lo más sagrado, ya fuera ésto civil, religioso o militar.

Por supuesto, no podemos pensar en una “plaga bíblica” que se ceba en España tan solo. Pienso en Bowie y en tantos otros… El útimo ha sido John Wetton. ¿Cáncer?… Lo más probable. Imagino que es un “modo de vida”… Entonces, tal vez, estemos muchos condenados, ¿no es así?… Lo cierto es que lo que dice Jesús Ferrero en El Mundo del 31 de enero de 2017 no suena tan descabellado: creo en la “especificidad” hispana. Por supuesto, se puede englobar en el contexto europeo u occidental; pero algo nos diferencia: el desproporcionado peso de la DESILUSIÓN, del RENCOR y de la CONTRADICCIÓN en la química venenosa de nuestro pasado y de nuestro entorno.

Una vieja amiga (creo que podría añadir: de la infancia) me prestó un libro cuyo autor no consigo recordar, aunque sí podría asegurar que era centroeuropeo; austriaco, creo. El nombre de aquellas memorias (se trataba de un libro autobiográfico) era perfectamente recordable: “Cáncer”… La tesis de aquella obra tremenda era muy simple: el cáncer nos corroe con los ácidos de la infelicidad, el estrés y la tristeza. Ella, mi vieja amiga, padeció, en las carnes de uno de sus más directamente allegados, la maldición de la enfermedad, pero terminó “vacunándose” con el antídoto (cuya eficacia nunca ha sido del todo probada) de un matrimonio pronto y muy ventajoso; espero que, además, haya sido feliz. He perdido el contacto, así que desconozco el resultado de tal “experimento”. Por descontado, les deseo a ambos una larga y fructífera vida… juntos.

Esa tesis (a estas alturas, no creo que la desconozca nadie) me ha rondado la cabeza desde la lectura de aquel libro, bastante próxima en el tiempo a mis momentos vitales culminantes: coincidentes con algunos de los más lamentables y decisivos (no de la misma forma en que “La Edad de Oro” o el “Auambabulubabalambabú”, del ínclito Luís Avín, me afectaron decisivamente) encuentros, decisiones e indecisiones de mi propia vida; valga la redundancia. Casualmente, aquello se desencadenó en Madrid, así que la “Movida” se imbricaba, de algún modo, con lo que me pasaría entonces… Pero la decadencia ya se palpaba en el ambiente: recuerdo a Poch, el cantante de “Derribos Arias”, literalmente demente, con sus gafas rotas por el puente, pegadas con cinta aislante o celo, sentado solo, balbuceando incoherencias y la mirada perdida, en la mesa de una pizzeria de mala muerte en Malasaña. Corría el año 1991. Moriría Poch no muchos años después de aquella visión espectral de una época, entonces ya en pleno desmantelamiento… ¿Os acordáis, viejos e ilusionados votantes de un partido socialista aún vivo? (o eso parecía).

Creo que no ofenderé a nadie si me permito sacar a colación a otro donostiarra bastante demente (o demencial: buena persona, en todo caso) con el que coincidí en esta “aventura”: el fundador de “Duncan Dhu”, Juanra Viles. Acabo de averiguar que finalizó sus devaneos “artísticos” al encauzar su vida, adecuadamente, a través de los “almamáteres” de Deusto y del Peneuve (sin duda, ¡sentó la cabeza!: ser de buena familia es lo que tiene). Sea como sea, a un pobre cántabro ex-votante socialista, como mucho, se le habrá podido permitir ser testigo de estas fructíferas trayectorias; o, por el contrario, aspirar a más, sí, mas tan solo mediante la venta al diablo y la renuncia de una identidad que parece que no se ha dejado cuajar nunca… Os sacaré de dudas: Juanra y yo compartimos habitación en la misma pensión de Lejona, en la que ambos solíamos ver “La Edad de Oro”; eso cuando Jose Ferreño (más tarde conocido como Andoni Ferreño) y sus secuaces de CC. de la Información nos lo permitían. Con frecuencia le llamaba “Felipe” a Juanra, no sin cierta malicia. Él abandonó los estudios de Bellas Artes. Yo no… Por eso él ahora es político y… yo no (y porque él es ciudadano de la “Perla del Cantábrico”, superpotencia cultural, industrial, playera, paisajística y gastronómica global, claro; yo sólo nací y habito una entelequia, al borde de la consunción y de la más absoluta irrelevancia, llamada Santander: no está mal Santander; lo malo es que ya ni los de aquí lo sabemos… ¡no digamos las oligarquías político-económicas o los de la propia tele, incluida TVE!).

¿Ven cómo salen los “venenos” a relucir?… No es tan difícil adivinarlo: la división, el rencor, la decepción, la desilusión de los buenos: de los que habremos dedicado la vida a esperar que nuestra lealtad y esfuerzos (nuestra buena voluntad) fuesen ALGÚN DÍA premiados, reconocidos… La traición, la mediocridad, la manipulación, la escisión, el maniqueismo, el victimismo consentido y subvencionado, la promesa siempre pospuesta “sine díe”, la acumulación de prebendas y de herencias, el inevitable fracaso: hereditario, contagioso, pero inducido, potenciado… ¡fomentado por los que creen que lo poco que tienen y queda, aún menguante y con todo, ha de ser acaparado!: por ellos.

Cainismo, se dice. Cancerismo, me tomo la libertad de “inventar”: un veneno lento y a muy largo plazo. Aleatorio, pero de incidencia creciente, con los años. Los buitres nos contemplan: los propios y los ajenos… Por eso te debo recordar a ti, Paloma: ave rendentora, que se extingue en todo, salvo en nuestro recuerdo: siempre volarás en él y con los que aún conservamos tu voz y tu imagen, grabadas e indelebles, como símbolos de una época quizá no tan luminosa, después de todo, pero sí esperanzada.

paloma-chamorro

Nobilísimo certificado de defunción (Dylan, Bob)

bob-dylan-old-reduced

“Black Star”, David Bowie… Tal vez debería santificar el silencio de mi estudio, mientras trato de escribir algo coherente. Sin embargo, esta música es perfecta para “ilustrar” -¿o ambientar?– las ideas desordenadas y no sé si estúpidas que me quieren brotar. Porque hoy es el día del Nobel de Dylan (también el de la muerte de Darío Fo; aunque él vino de otro universo, fuera de mi jurisdicción), pero es este espíritu como funéreo -recordado, también, por la reciente despedida de Leonard Cohen; que me retrotrae, a su vez, al rostro amostachado y la despejada cabeza de Sábato, cuando pronunciaba, en semipenumbra y junto al Paraninfo de la Magdalena, como un espectro, aquel “adios, amigos, ésta será la útima vez que nos veamos”, anticipándose quizá demasiado a su partida definitiva- el que me impulsa a soltar las desordenadas estupideces que, acaso, algunos os animéis a leer ahora, cuasi-heróicos.

Los fuegos artificiales se han desatado, por fin, cuando al bueno de Zimmerman le han concedido, ¡albricias!, un premio que es mucho más que esto: es un símbolo. Es por ello, precisamente, que se prodiga tan poco -o nada- el Nobel por estas tierras, empeñadas en desprenderse de significación y de entidad, como muy bien pudimos contemplar en el día de ayer. Bueno, y hoy; que tanto da ya un día que otro, correoso o no… ¿Y cuáles son las tierras simbólicas de este Nobel atípico? ¿Las de Duluth, Minnesota? ¿Estados Unidos? ¿Las de la Generación Beat, tal vez? ¿La electricidad hippie de los años 60?… Lo cierto es que el trovador llega más allá: es Miembro Fundador de un país imaginario llamado “Rock & Roll”. Y, como tal, los subditos de este país sin fronteras lo celebran… lo celebramos.

No quisiera aguar fiestas ni deslucir homenajes, pero no me voy a guardar para mí lo que tal vez sea -de todos modos y tan solo- una pobre, desmoralizada, estúpida, desordenada, enmarañada… corazonada: este premio es un acta de defunción; tácita, pero elocuente. Los académicos suecos quizá se lo conceden a Dylan antes de que… ¿sea demasiado tarde?… Los nórdicos son conscientes de su labor universal de “certificadores de símbolos”. Por eso es tan importante, en la práctica, la potencia y la amplificación cultural, política y económica que respalda a la mayoría de los galardonados (por mucho que la Academia, a remolque de esta “globalización” acaso en exceso bendecida, se haya empeñado en extender su horizonte en tiempos recientes), ya que los símbolos y la cultura sólida y apabullante se imponen desde posiciones de preeminencia. Pensar de otro modo es pecar de ingenuidad.

Pero no me inquieta ni me incomoda esta certeza: que Dylan es un símbolo que TAMBIÉN ha ejercido su influencia y ha dejado su huella EN MÍ; en nosotros. Quizá no la misma -ni con la misma potencia y profundidad- que en un nativo norteamericano contemporáneo del propio Dylan, por supuesto… Mas inducida, impuesta, o no, su figura ha sido reverenciada y disfrutada por nosotros, sin duda: aún sin saber qué pronunciaba y contaba el viejo Bob, a través de su a menudo críptico -y siempre muy nasal- “drawl”, ¡claro que lo hicimos!… Eso sin mencionar cierto “himno eclesiástico” (de libérrima traducción al español) que, me temo, todos hemos cantado… ¡Bueno!… Un servidor tuvo la suerte de poder empaparse de sus textos, al fin, a unas edades algo tardías; pero sin profundizar en ellos, debo admitirlo: ha sido siempre, o casi siempre, la música la que se ha impuesto al texto: la “actitud”; por así decirlo.

Dylan, 60´s-Reduced.jpg

Admitido esto, reconozco la trascendencia de su influencia: superficial o no, él -junto al resto de fundadores y seguidores de un país ensoñado, que ya parece en estado de descomposición- ha configurado un “imaginario” que, para bien o para mal, nos ha ido permeando a dos o tres generaciones de habitantes, al menos, en el ámbito universal del “Rock & Roll”… Esto no es -ni lo pretende ser- un estudio pormenorizado de ese proceso larguísimo, ni de esa influencia, tratada a través de una discografía un millón de veces glosada: como ya anuncié, se trata de lanzar la idea de que sólo algunos moribundos de mérito alcanzan la gloria en vida… Y es que, aunque a Robert Allen Zimmerman le resten dos o tres décadas más entre los vivos, no es su muerte la que “anuncia” o vaticina este premio: es la de un modo de ver, escuchar, sentir y vivir un tiempo; y hasta una época entera… En un país ilimitado, que se nutrió de millones de sueños, belleza e ilusiones, por muy absurdos, rotos, extravagantes o decadentes que éstos fueran; igual que lo hizo de dramas, sobresaltos, vacío y decepciones.

Ni siquiera el “imperialismo” nos disuadió; ni tampoco nos desunió a sus siempre voluntarios súbditos, quienes ahora contemplamos, entre atónitos y resignados, el advenimiento de esta nueva “Era Atómica”: atomizada, más bien; atrapada en La Red de Redes: el más absoluto Infinito de la más absoluta Nada… Y es que sólo adquiere sentido (una aspiración a) la ausencia de fronteras cuando existe, al menos, una: esto es una paradoja. Supongo.

Post data y agradecimientos: Gracias, Vincent, Cochran, Cohen, Davies, Reed, Cale, Lennon (& Macca), Simon, Morrison, Morrison, Mitchell, Young, Fogerty, Newman, Wilson, McGuinn, Jagger, Buckley, Walker, Van Vliet, Zappa, Cash, Parsons, Townshend, Bowie, Pop, Thunders, Curtis, Cave, Chilton, Springsteen, Murphy, Thompson, Jansch, Drake, Wyatt, Waits, Barrett, Waters, Gilmour, Martyn, Costello, Gabriel, Hammill, Hell, Verlaine (Tom), Patti, Petty, Strummer, Lowe, Weller, Stipe, Tweedy, Yoakam, Yorke… ¡y tantos otros!, gracias.

Lo intangible (la utilidad de la cultura)

“No es cierto que la persona culta, en sus ensoñaciones espiritualistas, vea lo que no hay. Lo cierto es justo lo contrario: que la persona inculta, ignorante, no ve lo que hay. Así, por no abandonar los ejemplos citados (previamente, en el texto: una universitaria burguesa y un fontanero), la belleza —la del mundo y la del alma— pasa por delante de sus ojos constantemente sin que sea capaz de percibirla. O si prefieren decirlo con diferentes palabras: la persona culta no solo dispone de un mundo interior más rico, sino que penetra en el interior del mundo. De la otra persona, hemos dicho antes que no sabe que no sabe, lo que significa, en resumidas cuentas y a la luz de todo lo que hemos planteado a continuación, que lo que de veras no sabe es lo que se pierde.”

Manuel Cruz es catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona.

Me ha gustado esta reflexión que, sobre la naturaleza y pertinencia de la CULTURA -sí: con mayúsculas- hacía, ayer mismo, el citado Manuel Cruz, en el diario El País. Os enlazo al artículo de opinión completo AQUÍ.

Lo que me recuerda que, ya hace algún tiempo, edité esta entrada en el blog.

Además, creo que es pertinente, en este contexto, aludir a cierto hecho: la restauración de una obra de arte. La esculpió un tal Miguel Ángel, nada menos… Y si alguien no le encuentra relación a una cosa con la otra, léase entonces la crónica de una salvajada, perpetrada en nombre de no sé qué ideas… No obstante, y sin duda, ejecutada por gentes brutales, ignorantes y sin cultura; de ésas a las que “Roma no les llamaba”. Ideologías aparte (les aseguro que es en religión en lo último que piensa este laico y agnóstico, servidor de ustedes, cuando escucha un oratorio o una cantata de Bach), conviene distinguir lo Sublime del contexto histórico e ideológico en que se sedimenta y genera el Arte: si el uno es difícil de entender sin el otro, es claro que lo eterno, lo que alcanza la grandeza de la inmortalidad, de lo clásico y universal, se aparta y se eleva por encima de ideologías y de prejuicios.

Lamentablemente, las bestias que se jactan de su ignorancia y de su desprecio a todo lo que nos une (a ese aludido espíritu eterno y universal), también parecen inmortales… y cuasi-universales. Véase, si no, a qué me refiero.

Para que le deis al tarro un poco.

EL COLOR: recapitulación

Los conceptos y elementos clave que habremos de tener en cuenta en la apreciación del complejo mundo de los COLORES son los siguientes:

  • La naturaleza ondulatoria de la luz (suma de distintas longitudes de onda). La luz como fracción minúscula del ESPECTRO ELECTROMAGNÉTICO (la luz es ENERGÍA VISIBLE).
  • La REFRACCIÓN de la luz blanca (Isaac Newton, 1666): ESPECTRO CROMÁTICO o IRIS (siete franjas que oscilan entre el violeta -430 nanómetros- y el rojo -780 nanómetros).
  • La REFLEXIÓN, como fenómeno de absorción -por parte de la superficie de los objetos y en presencia de la luz- y posterior “devolución” de algunas longitudes de onda (en combinación compleja, casi siempre: esto genera los infinitos matices captados), las cuales pueden ser percibidas por un observador.
  • La TEMPERATURA DE COLOR de la luz blanca (en grados Kelvin), o dominancia de algunas longitudes de onda sobre otras (luz de día: +/- 5400º K). De importantísima influencia ambiental y psicológica; y decisiva en fotografía.
  • MEZCLAS CROMÁTICAS: aditivas y sustractivas. MM. ADITIVAS: Colores luz; los primarios son el Rojo, el Azul y el Verde (se llaman aditivas porque las mezclas siempre resultan en colores-luz más luminosos). MM. SUSTRACTIVAS: Colores pigmento; los primarios son el Magenta, el Amarillo y el Cián (se llaman sustractivas porque las mezclas siempre resultan en colores-pigmento menos luminosos).
  • El CÍRCULO CROMÁTICO como sistema básico de ordenación de los colores (sobre todo en mezcla sustractiva). COLORES COMPLEMENTARIOS: su mezcla, en teoría, resulta en NEGRO.
  • Los 3 PARÁMETROS DE IDENTIFICACIÓN Y CLASIFICACIÓN CROMÁTICA: TONO, SATURACIÓN y LUMINOSIDAD.
  • MODELOS TRIDIMENSIONALES de clasificación cromática: Doble cono de Ostwald, Triángulo y cono CIE, Cubo de Hickethier, etc. Todos se basan en un eje longitudinal de escala en grises (los “polos” opuestos son el blanco y el negro) y en un círculo cromático, a modo de “ecuador”.
  • SIMBOLISMO DE LOS COLORES. Tema de gran complejidad y difícil de precisar. Depende, en gran medida, de factores personales y culturales. No obstante, suelen admitirse algunos “universales” (como la severidad del NEGRO, la pureza del blanco o la pasión y agresividad del ROJO). GAMAS.
  • CONTRASTES. El CONTRASTE SIMULTÁNEO como evidencia de la relatividad de la percepción cromática, siempre compleja.

De un tiempo en que la música popular emitía no sólo sonidos, sino también iconos de vigencia universal.

Al día

Será difícil: mantenernos al día; al ser este medio, en esencia, una herramienta docente. No obstante, ojeo la prensa digital y los noticieros en T.V. y no puedo evitar toparme con un mundo estival que sigue y sigue… Otras cuestiones (los obituarios se están convirtiendo en un triste “clásico”: ahora es Elli Wallach) no se atienen ni a épocas ni a calendarios. Pero a ninguno se nos escapa que, el que más y el que menos, ha terminado agotado: yo el primero.

Os pongo, pues, un poco al día:

  • Exposición de HENRI CARTIER-BRESSON en Madrid (Fundación “Mapfre”). Por supuesto, no os la podría recomendar lo bastante: Cartier-Bresson es ESENCIAL para entender QUÉ ES fotografiar: una técnica, una búsqueda, una obsesión, un arte…
  • La ya mencionada desaparición de Elli Wallach: tal vez lo recordaréis por “Baby Doll” de Elia Kazan, “Misfits” de John Huston, “Los siete magníficos” (J. Sturges), “El Padrino-III” (Coppola), “Mystic River” (Eastwood), “Wall Street 2” (Oliver Stone), “El escritor” (R. Polanski)… Pero es, tal vez y sobre todo, recordado por haber sido “el feo” en “El bueno, el feo y el malo”, de Sergio Leone. Un tipo de rostro “difícil”, con una mirada entre tierna y taladrante y una nariz con personalidad; simpático y vulnerable, nunca pasaba desapercibido.
  • Me tomo la libertad de llamaros la atención sobre una película relativamente modesta: “Violette”, de Martin Provost. Si tan siquiera fuese por la descripción que hace de un personaje torturado, inseguro, insatisfecho, hipersensible, desafortunado (sólo relativamente, ya que contó con su talento y con el reconocimiento decisivo, y más o menos desinteresado, de “pro-hombres” y de “pro-mujeres”. Además, al final de su no muy prolongada vida, disfrutó de un reconocimiento más generalizado y de la consiguiente fama), que no es otra que la escritora Violette Leduc, una especie de “existencialista visceral” y “free-lance”, hoy en día poco o nada leída… En fin: que si tan sólo fuera por conocer a alguien así, ya merecería la pena ver la película. Destaco en este apartado, para terminar, el ejemplar respeto -no carente de mordiente crítica- que la Cultura Francesa muestra hacia sí misma… Pero supongo que esto es algo que no se improvisa.

Foto matón

  • He ido dejando pendiente, un poco por desidia, el merecido homenaje al creador del terrible “ALIEN”: H. R. Giger. Si habéis visto las películas (incluída “Prometheus”), entonces sabréis a qué me refiero. Pocos creadores gráficos han tenido un estilo tan reconocible dentro del ámbito figurativo, que, por sistema, ha solido ser subestimado por el “mainstream” contemporáneo, dominante de las directrices del gusto desde hace, al menos, setenta años. Sin embargo a Giger no le fue nada mal: un talento tan superdotado en la técnica y en su “visionarismo” (yo lo llamaría, más bien, “pesadillismo”, perfecto ilustrador de otros mundos afines, como el del escritor H. P. Lovecraft) no podía pasar desapercibido. Entre místico y demoníaco, todo lo que Giger creaba poseía resonancias inquietantes pero fascinantes.

Piloto alienígena

 

Turner en Cannes

Nada que ver con el canal temático TCM (“Turner Classic Movies”), se trata de uno de mis pintores favoritos, lo que, si habéis visto algunos de mis vanos intentos por alcanzar la gloria (disculpad mi auto-cita), no debería extrañaros.

Sin título

Los elementos, a priori, pintan bien… ¡nunca mejor dicho!: una exquisita película inglesa concebida por uno de sus más personales cineastas, Mike Leigh. Se ha presentado en Cannes y ha gustado bastante, al parecer. Yo creo que iré a verla.

El cómic ya está en Christie´s (¡qué suerte para los propietarios de los originales!)

¿Consagración o nuevo “nicho de mercado”?… Según tendáis a la candidez o al cinismo, optad por una opción o la otra. En cualquier caso, parece que las planchas originales del cómic ya se cotizan… tras la desaparición de sus autores, claro. ¡Adjudicado!…

Leed este artículo de “El País”…

MUÑOZ MOLINA REFLEXIONA SOBRE EL “AURA” DEL PASADO: EN TORNO A LA MERCANTILIZACIÓN DE LA NOSTALGIA

Creo que no es tan solo uno de esos temas “tangenciales” en el mundo de la IMAGEN: en este fenómeno -aquí tratado por Antonio Muñoz Molina- radica una buena parte del misterio de un buen negocio universal. Vale la pena reflexionar sobre los mecanismos de la fascinación… y la COTIZACIÓN. A ver qué os parece…

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/02/14/actualidad/1392375499_356159.html

Un ropavejero, por Eugene Atget

MILLÁS, ENCARECIDAMENTE (FIN DE AÑO, FIN DE CICLO)

Imagen

Algo me dice que esta imagen es la correcta, pero aun no sé muy bien por qué… Ya lo averiguaré. Por cierto: se trata de un hombre solo, atrapado por la mayoría enfurecida y estúpida. No puedo evitar sentirme identificado, aunque sea una guerra civil extranjera.

Leedlo: esto. Para haceros un poco más sabios.

Y luego que nadie me pregunte para qué sirve nada de nada, porque lo más importante no tiene cabida en un “presupuesto” o en un “mercado”… ¡O sí, pero es muy, muy difícil explicar en qué consiste ese particular tipo de “valor”, si no se experimenta en las propias carnes!… Sólo os diré una cosa: cuando os hayan arrebatado todo, si ese día llega (¡Dios no lo quiera!… aunque Él poco influirá en ello), lo intangible será lo más valioso; lo realmente imprescindible.

Pensad en ello mientras tecleáis con el “esmarfoun” una frase (con veinte faltas de ortografía) para el enésimo “guasap” del día…

¡Feliz año!

P. D.: Manteneos atentos, que en breve puedo poner en el blog datos o material MUY importantes.

¿PARA QUÉ SIRVE LA CÚPULA DE SAN PEDRO? (Savater opina)

(Savater critica) “…esta época que tiende a medir todo en función de su rentabilidad, eficacia y productividad constatable en detrimento de la formación cultural y de las humanidades, olvidando que el saber, la cultura y las artes son las que moldean y modelan a las personas. “La preponderancia de la rentabilidad económica del aprendizaje y la formación laboral que se transmite no son desdeñables, sin duda”, reconoce el escritor, que en un pasaje de su libro afirma: “Educar no es solo preparar empleados, sino ante todo ciudadanos e incluso personas plena y conscientemente humanas, porque educar es cultivar la humanidad y no solo preparar para triunfar en el mercado laboral. Esa es la verdadera rentabilidad democrática de la formación educativa y de la adquisición de esa riqueza es algo cuya reivindicación nunca debe abandonarse”.”

Si os interesa, ved este enlace.

En el interior de lo “inservible” (Autor: Me, Myself & I)

 

DANTO (ha muerto)

Imagen

Arthur C. Danto, by Consuelo Bautista

Hace unos días moría un importante comentarista del arte moderno: Arthur C. Danto. No creo que para ninguno de vosotros ese nombre signifique gran cosa, pero hace años, en Estados Unidos, que es como decir en el “Centro del Imperio” (o sea: donde HAY que estar para enunciar ciertas ideas relevantes y ser escuchado), el señor Danto planteó algunas cuestiones teóricas sobre el valor y la enjundia del arte conceptual y otras corrientes modernísimas.

Os enlazo con un par de artículos en El País: uno de ellos es una entrevista que ya tiene unos años. Creo que os puede interesar y que os puede ayudar a entender algunas ideas dignas de ser debatidas. De nada.