“La La Land”: el sentido de la vida… ¡y del cine!

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“La La Land” tendría muchas lecturas; pero una de las más interesantes sería ésta: trata de las segundas y de las enésimas oportunidades. Y reflexiona, en realidad y sobre todo, en torno al fracaso. La apariencia es engañosa: el esquivo y ocasional éxito se toma como una, tan solo, de las infinitas opciones posibles. Desde luego, está lejos de ser “naturalista” (el propio género musical es la antítesis del naturalismo), pero su magia no parece incompatible con cierta verosimiltud poética, por así decirlo. Aceptables licencias éstas, concedidas, de manera congruente, a ciertas formas de “fingimiento”.

Por otro lado, al tiempo que subraya la nostalgia por un mundo que se nos va (con el contrapunto del desprecio actual mayoritario hacia las formas clásicas de las artes populares, desbordadas por lo más trivial, y la desaparición de sus templos y aficionados), se muestra un cierto resurgimiento real -algo más que añoranza de pose– del placer que nos aporta lo inmediato, lo auténtico: la emoción de un solo improvisado de piano en directo; o, incluso, la conexión con un pastiche “retro”, eco de una era en la que lo excelente y excitante era compartido por la mayoría, de forma masiva… ¡Y, además, había tiempo para poder saborearlo! En pocas palabras: una suerte de reacción ante el hartazgo por tanta saturación y dispersión tecnológica.

Se recrea “La La Land”, pues, en esos detalles que resaltan el contraste entre lo contemporáneo, con toda su fluidez y dispersión desconcertante, inabarcable, y los discos de vinilo, las viejas películas de Hollywood (que aquí aparecen, incluso, como “momificadas” en forma de “Parque temático”), los coches desmesurados de la ya arruinada industria de Detroit, los “night clubs” a la vieja usanza, los trajes de chaqueta y hasta los sombreros fedora…

A nivel técnico, invoca y homenajea a menudo a los clásicos, por supuesto (los más obvios: Minelli, Donen, Ray… ¡Incluso Hitchcock y Berkeley!); también a lo Clásico… Pero se sirve de lo más avanzado de la tecnología para llevarla a un terreno humano, sensato y honesto (yo diría): las “virguerías” técnicas están al servicio no sólo de sí mismas -como presas de un alarde vácuo en dicho homenaje a lo antiguo-, sino, también, al de los personajes y su propia historia. No se puede negar la magia que de todo ello resulta.

He leído, por otra parte, que la película empieza grande y deslumbrante; y que así termina: ensoñadora, agridulce, serena y mágica. Que en la peripecia central la historia renquea o afloja, más convencional… ¿No es posible que sean así la mayoría de las vidas vividas?… Con todo, algunos podrán decir que de ciertos elementos se podría haber sacado más partido. No estoy muy seguro de que esto fuera necesario: el encanto poético y verosímil me sigue persuadiendo, y caigo rendido… En definitiva, la película nos habla de la vida y de sus retornos y giros: de los ciclos, de los hechos, de las tentativas y estancamientos; de las recaídas y de las recuperaciones; de los sentimientos, frustraciones y dolores recurrentes; de las rutinas, de la claudicación y del ocasional resurgimiento. Nos convence -y nos conmueve, con ello- de que la Vida es una constante maravilla, un milagro: demasiado pegada a nosotros como para poder verla en todo su esplendor y en toda esa inmensidad inabarcable… Y es así, todo ello, a pesar de la privación de metas alcanzadas; gracias, sobre todo (y he aquí lo importante), a todo lo demás: nos sorprende y nos da sentido, al hacer de nosotros lo que somos; incluso con sus carencias y sus ausencias, lo consigue… Carentes como estamos, tan a menudo, ¡y tan ausentes!, de nosotros mismos: ensimismados ante la nada obcecada que solos nos construímos.

Podría destacar varios momentos o secuencias, pero me voy a quedar con una de las más sencillas y conmovedoras: Emma Stone, durante un casting, inicia un relato improvisado, y, por medio de un lento trávelin, la cámara se acerca hasta un primer plano (sólo ella queda iluminada, en medio de un evocador claroscuro). El relato de la actriz se transforma en canción, y en ella se nos hace una reivindicación de las existencias “alocadas”, “sin sentido”: fracasadas, en suma, pero entusiastas del hecho -simple, pero extraordinario- de estar aquí: para zambullirnos en ríos o para renunciar a todas las luchas, sin el peso, demoledor y absurdo, de sentir amargura ni las losas de todas las derrotas, una encima de otra.

“La La Land” es una de las películas más evocadoras y conmovedoras que he visto y gozado en mucho tiempo: una joya que nos recuerda lo que debería ser SIEMPRE (hubo un tiempo en el que esto era más frecuente) el gran CINE. Y es que lo vitalista no debería estar reñido con la más hermosa lucidez; tampoco con la más amarga.

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Siempre fiel a la música, autógrafos barrocos en tinta permanente y atractivos aniversarios remotos del otro Elvis (a.k.a. Declan Patrick) -Primera parte-

Elvis Costello y los Attractions actuaban el día 7 de agosto de 1977 en la sala “The Nashville Rooms”, que, al contrario de lo que podría sugerir tal nombre, está (o estaba: no me consta, de momento) en la zona metropolitana de Londres: West Kensington, al parecer. Quise hacer ayer una glosa del momento, con el obvio motivo del aniversario en curso: 39 añazos. En algún momento volveré sobre ello.

Pero no hubiese caído en la cuenta de tal coincidencia de no ser porque me encontraba en pleno proceso de recuperación de las grabaciones del evento, que se adjuntaron a la edición “Deluxe” del “My Aim Is True”. En ese disco -el primero del nuevo Elvis– de hecho no tocaban los Attractions, sino un grupo americano llamado “Clover”, alguno de cuyos miembros terminarían siendo célebres y millonarios; no gracias a Costello, sino a un tal Huey Lewis (& The News, yes). Las grabaciones en el “Nashville” muestran a un grupo apenas recién formado.

Costello

El caso es que lo del gozoso primer disco de Costello, y las grabaciones en vivo, es casi tan sólo una excusa para:

  • A/ Elaborar una reflexión sobre lo que uno podía estar haciendo, pensando y sintiendo hace casi 40 años; y sí: algo acerca del demoledor paso del tiempo.
  • B/ Comentar mi lectura de “Unfaithful Music & Disappearing Ink”, las memorias del propio Elvis Costello (Declan Patrick MacManus).

De estas últimas puedo decir que las estoy gozando: el personaje y sus circunstancias son contemplados con ironía, inteligencia, una memoria que a mí se me antoja prodigiosa (¡y envidiable!), así como con una descacharrante y distanciada sorna. Todo ello lo ordena y orquesta un narrador con talento y evidentes aptitudes en el manejo del lenguaje y la peripecia. Y eso es algo que ni siquiera los muy frecuentes gazapos de la traducción -evidentemente elaborada a presión y sin las necesarias revisiones; por traductores sin unos mínimos e imprescindibles conocimientos musicales *- pueden mancillar u ocultar.

Desde luego, si se admira al músico y al personaje: a ambos; si se conoce aquel tiempo, su música y sus protagonistas, el placer es incluso mayor. Pero quiero pensar que cualquiera podría leer estas memorias y descubrir una especie de “fresco”, desmitificador pero nunca demasiado cínico (es decir: atento al detalle, pero sin llegar al hiperrealismo obsceno), para una época y un ambiente que -ya todos los que alcanzamos cierta edad lo tememos- parece irrepetible… Además, Declan Patrick describe sus raíces con una precisión, profundidad, sabiduría y ternura a veces, incluso, conmovedoras (sin abandonar nunca la ironía y hasta el sarcasmo). ¡Por no hablar de lo que supone crecer en Liverpool o Londres, durante los años 60, con un músico profesional en casa!

Lo que me lleva a mí mismo; otra vez: a mis propias anécdotas, a lo que la vida le depara a un insignificante aficionado a la música, “disperso” entre gustos universales, español de mediana edad, enraizado en una también mediana (me temo que, asimismo, mediocre) ciudad del norte de lo que un día hubo en llamarse España, por mucho que la propia June Tabor nos haya cantado ¡hasta dos veces!, siquiera de soslayo y como de telón circunstancial de fondo para una epopeya de amores fallidos, allá por los postreros años 80… (y nosotros, claro, ¡ni nos habíamos enterado!).

Ayer me di la mano con Sir John Elliot Gardiner. El majestuoso encuentro duró unos segundos. Mañana daré más detalles (y sí: el concierto, la versión de los English Baroque y el Monteverdi de la Gran Pasión del Gigante Bach estuvieron a la sublime altura de su reputación).

Pasión Mateo Bach, Monteverdi

 

* Piénsese en que, por ejemplo, a Dusty Springfield la han cambiado de sexo: creo que una de mis heroínas de la infancia (sobre todo gracias a “I Only Want To Be With You”) no se merecía que se llegase tan lejos con ella, a pesar de que numerosos -y, ciertamente, nada insignificantes- detalles de su vida personal no la encuadrasen, precisamente, en una perfecta y convencional heterosexualidad… ¡Pero de ahí a llamarla “el héroe local”!

Nuevos enfoques (redirección)

Ha transcurrido demasiado tiempo. Motivos ha habido varios (la maldita salud, que se nos escapa sin previo aviso, ha tenido mucho que ver), pero llevo ya tiempo considerando qué nuevos enfoques aportar a todo esto; con salud o sin ella. Una de tantas ideas se vincula al eventual desarrollo de un proyecto totalmente nuevo, aunque complementario de “Far Cries”: se trataría de “exponer” mi experiencia -creo que ya puedo utilizar la palabra “dilatada”- con la música y sus distintos soportes.

Por supuesto, como convencido admirador -y no “discontinuado” usuario, ¡nunca!- de las fuentes analógicas, me propongo echar un vistazo, especialmente entrañable y exhaustivo, a ciertos ejemplares de mi modesta colección; en parte heredada, en otra parte (la más importante) adquirida con paciencia y, a menudo, no pocos sacrificios. Me aprovecho, pues, del paso -¡bienvenido!, aunque ya iba siendo hora- de estas renovadas corrientes de modas más o menos “hipster”. Pretenden éstas retomar, entre otras cosas, el uso y disfrute de los viejos vinilos… ¡y hasta de los venerables cassettes! Ciertamente, prefiero esta fijación a otras, de naturaleza, digamos, más… hirsuta.

¡Bien!… Aparte de esta declaración incondicional de amor mía hacia las joyas que me han estado acompañando a lo largo de toda mi vida, no pienso ignorar -menos despreciar- el inmenso aporte de placer y bagaje que la época dorada (breve, es cierto) de la grabación y el soporte digital discreto por antonomasia -el C.D.-, han  proporcionado a mi peripecia vital y, sobre todo, a mis oídos. De hecho, es en ese soporte en el que se han estampado la mayoría de las firmas y dedicatorias que un servidor atesora de no pocos artistas; algunos de ellos, sin duda, auténticos genios.

Para terminar, advierto que el proyecto al que antes me refería no pretende ser un ejercicio de “audiófilo” o de “eminencia en la materia”: me considero muy lejos de ser un entendido o un experto en nada; menos en esto… Muy al contrario, quisiera desarrollar una especie de “bioaudiografía”: un ejercicio retrospectivo, con la excusa de esta pobre agarradera que en la experiencia y la vida he llegado a acumular. De lo contrario, podría irme de aquí sin haber hecho mi pequeña aportación: mi tributo, compartido con todos esos que tengan a bien posar su mirada un instante sobre algunas de mis pobres líneas.

Por descontado que he acumulado, además, alguna sabiduría y experiencia en ciertos terrenos, no tan difusos o poéticos: sobre todo ello, llegado el momento, también daré mi opinión y ofreceré mis conclusiones.

Hasta pronto… ¡espero!

CENITAL, Junio-16

Convocatoria de examen: 27 de enero, martes

Ya se os especificará, lo antes posible, qué contenidos abarcará. Los que sin duda váis a tener que estudiar es:

  • La Gestalt: leyes de la percepción visual.
  • La cámara fotográfica: historia, rudimentos, partes, parámetros ópticos y mecánicos. Funcionamiento.
  • La historia de los “media” (partes correspondientes a la fotografía y a los antecedentes y los inicios del cine).
  • Cualquier otro contenido que se vea a lo largo de la semana entrante: entre los días 19 y 23 del presente.
Wee-Gee con su "Speed Graphic" de Graflex

Wee-Gee con su “Speed Graphic” de Graflex

¿RELATIVISMO O TRABAJO?

Una vieja polémica parece querer prolongarse en el tiempo; y, al cabo de los meses, ciertos rezagados (no se lo reprocho: es mejor que te hagan algún caso, siquiera tarde, que ninguno) continúan dedicando su tiempo a “atizarme”, dado que lo que un profesor no debe hacer nunca es replicar en público a un alumno; no, de ninguna manera, a uno/a que -en público, sí- me ha puesto a caer de un burro: sin demasiados argumentos, ni contrastando sus opinones con otras muy diferentes; que haberlas haylas, aunque ÉSAS NUNCA SE ESCUCHEN (“¡inicuo el zarandeo moral, válgame Dios, incluso si lo hace en formato “anónimo”!”… Pero, lo siento, es verdad: aquí nos conocemos todos; o casi). Desconozco en qué artículo de la Constitución dice eso acerca del silencio docente (¿una especie de “secreto profesional”?). Pero de lo que sí estoy seguro es de que en ella se consagra la libertad de expresión (y, supongo, el derecho a réplica). En otras instancias, además, la libertad de cátedra.

No quisiera continuar adelante sin dejar bien claro que mi grado de autocrítica sería difícil de glosar en pocos párrafos; y los que me conocen DE VERDAD saben que no exagero ni un ápice sobre este particular. No me hago responsable, esto sí, de las deficiencias formativas arrastradas por los alumnos que me tocan en suerte; o de su falta de dedicación, atencíon, trabajo diario y RESPETO; debido éste, me temo, al que nos enseña (o lo intenta). A lo largo de décadas, o siglos, estos valores han estado claros. Pero ya sabemos que ahora todo el mundo tiene derecho a opinar sobre algunos asuntos (como, por ejemplo, qué asignaturas debería aprobar mi niño y con qué calificaciones; especialmente si éstas no son “troncales”, que las otras son puro “relleno”).

Les contaré una anécdota: un alumno de 2º de Bachillerato ha aprobado la asignatura de Cultura Audiovisual en “repesca”. ¿Su calificación en las pruebas objetivas?: un 2´25.¿Sus méritos?: ser capaz de agarrarse a un flagrante defecto de forma, que no viene al caso pormenorizar. No sé si esto es lo que la sociedad espera de este individuo concreto -su capacidad para convertir el fraude o la maquinación en mérito-; o si pretenden los ciudadanos de este sistema educativo que siempre los complazca, incluso si en absoluto se lo merecieran. ¿Y qué es el “mérito”?, se preguntarán no pocos: es un concepto que, como antes mencionaba, hace ya unos cuantos años estuvo muy claro. Me temo que ahora es algo discutido y siempre discutible. ¿De qué me suena esto?…

En el reino de lo “relativo”, esta postura FRAUDULENTA y casi unánime de la sociedad, insisto, desvirtúa el verdadero empeño; el verdadero trabajo concienzudo y el esfuerzo, que, de esta manera, se “penaliza”… “¿Para qué esforzarse y trabajar en serio, si cualquiera puede poner en evidencia a estos pobres y sumisos profesores, infelices que se creen que lo que enseñan le importa a alguien?”… Y si algunos creen que este problema de “perspectiva” no tienen NADA QUE VER con las gravísimas deficiencias y crisis que arrastra esta sociedad, entonces es que no son capaces de comprender nada. Lo lamento.

A propósito: los materiales utilizados a lo largo del curso 2012-13 en la asignatura de Cultura Audiovisual son LOS MISMOS que se manejaron en el curso o cursos anteriores, sólo que CORREGIDOS (ciertamente, algunos lo necesitaban de forma urgente) y AUMENTADOS. Además, y esto es cierto, el profesor de la asignatura se tomó la molestia de elaborar, personalmente, otros muchos; no siempre al alcance, me temo (y esto lo reconozco), de los que sólo esperan “esquemas y formulitas” para quedar bien en un examen; o no lo suficientemente simples para allanar, sin sobresaltos, los más ingenuos caminos… ¿del éxito? ¿Qué “éxito”?… Y remato esta cuestión: los alumnos pudieron contar, DESDE EL INICIO DEL CURSO, con la lista de preguntas de la propia P.A.U.; con sus correspondientes respuestas: si no se tomaron la molestia de preparárselas, es porque no les dio la santísima gana.

Les guste o no a algunos padres escuchar esto, UNA PARTE IMPORTANTÍSIMA Y DECISIVA de lo que es y en qué se convierte el proceso formativo de sus hijos -y, en este sentido, cualquier asignatura del currículo- SON ELLOS MISMOS: su trabajo, su atención y consideración; su esfuerzo y su interés. Lo demás, tengo que decírselo con absoluta franqueza, son sólo subterfugios y excusas.

Sin duda, procuraré que la asignatura crezca y mejore en este curso que ahora empieza. Así es como yo trabajo: SIEMPRE (otra cosa es que no se valore… pero ésa es otra laaaaarga y aburrida historia). Además, estoy seguro de que los alumnos que han apostado por esta humilde especialidad -y, en parte, por su aun más insignificante docente- lo han hecho, este año, con verdadero interés y curiosidad genuina; no sólo por encontrar en mi aula un “divertimento” fácil de solventar (¡y con notas brillantes!).

Sólo echaría de menos, en estas páginas, las iniciales de R. A., S. T., D. E., P. M., L. P., G. B. o N. C., quienes, de alguna manera y en algún momento, agradecieron mi labor y la respetaron. Por ellos trabajo, y en ellos encuentro el sentido a todo esto. Es una pena que de ellos nunca se escuche nada.

RÉPLICA (VICENTE VERDÚ ME APOYA)

A esto:

“Oh, vaya, gracias por el cumplido.
¿A tu hija también la tachas de inculta por ser adolescente? ¿O ese es un honor que sólo nos reservas a nosotros los bachilleres de artes?”

Antes de leerla, muy, muy a propósito: este artículo de Vicente Verdú.

Estimado anónimo/a:

Tengo la impresión de que empezamos a conocernos un poco, ¿no es así?… Por el momento, sé que estudias el Bachillerato de Artes Plásticas: es un principio… Y para continuar, te haré reparar en el detalle de que yo, al contrario que tú, doy la cara: en este medio lo hago, y en otros muchos. Desde hace años me expongo y expongo, por tanto, lo que pienso; y planteo, con total franqueza y honestidad, lo que me preocupa y lo que me parece mal. No suelo atacar -o, simplemente, aludir- a los que no se lo merecen, pero es evidente que siempre me arriesgaré a que los que se sientan mentados, contraataquen; de algún modo: ¡por algo será!… Añadiré, antes de seguir adelante, que, con provecho ajeno o sin él, comparto con los demás lo que sé; mucho o poco (tal vez deberías centrarte en esa faceta mía, la cual te sería de más utilidad).

Si no eres uno de los millones de propietarios de “esmarfouns”, mis disculpas: en ese caso, es probable que sólo cometas faltas de ortografía -¿ocasionalmente, mi docto/a amigo/a?- en medios más tradicionales: ocurre hasta en las mejores familias; supongo que también en la mía. ¡Es más!: hasta yo mismo, alguna que otra vez, las debo cometer. Dicen que errar es de humanos, mi estimado y ofendido alumno/a. Pero otra cosa muy distinta es que te tomes a la tremenda -sí, un poquito sí- que se mencione el HECHO incontestable de que el 99,9% de “la peña” escribe en sus teléfonos móviles de un modo, al menos, “peculiar”. Tiene su porqué, su explicación, claro; pero es otro HECHO incontestable que un porcentaje muy significativo de ese 99,9% NO SABE hacerlo de otra manera… Otra cuestión que no me podrás discutir es que muchos/as no los soltáis ni para ir a la ducha. ¿Incluida mi hija?: sí, ella incluida.

A propósito: por lo que respecta a ésa alusión personal que haces (de manera absolutamente gratuíta e innecesaria, mon/ma petit/e lâche), te aseguro que ella procura leer, escribir y esmerarse con el lenguaje como no lo hacen la mayoría de los mortales: bachilleratos (en todas sus modalidades), periodistas, doctores, catedráticos, carpinteros, políticos, barrenderos (los hay universitarios, me consta), mediopensionistas, interinos y de carrera incluidos. Lo creas o no, puede que sea algo que ha mamado desde pequeña, en su casa, lo cual demuestra la importancia de una buena educación; y ésta, al contrario de lo que tú tal vez opines, tiene que ver con muchas más cosas que la mera acumulación de conocimientos. ¿Crees poder presumir, al menos, de esto?: ¡enhorabuena!… Pero no te pienses que será suficiente en tu vida alardear de “sabio”: hay demasiados en las cunetas de la Historia (o de la historia), por si no lo sabías. Si te hubieras tomado la molestia, al menos, de leer el artículo de Millás, acaso entenderías de qué demonios te estoy hablando, ¿no crees?…

Si eres de los que leen y se esmeran en su escritura, mis parabienes. Si te han ofendido mis comentarios (mal entendidos por ti, me temo: para escribir bien has de aprender a leer bien), te ofrezco mis disculpas. Pero lo hago por cortesía, no por haber apreciado en ti merecimiento ni gallardía: sólo un aspaviento en secreto, oculto; una chulería de “héroe” incógnito, con máscara. Además, una impertinencia con muy poca gracia. ¿No te parece?.

P.D.: Te aconsejo que, después de “nosotros”, en la segunda pregunta, escribas una coma. Y a la primera frase le vendrían bien unos signos de exclamación. De nada.

RÉPLICA CÍVICA

No estoy seguro de captar muy bien lo que quieres decir, N. Por lo tanto, no sé muy bien cómo tomármelo. En principio, recibo la idea de que entendiste lo que quise decir. Eso me complace (en un sentido nada pretencioso), ya que se estableció, en tal caso, una línea de comunicación correcta y sin interferencias entre el emisor y el receptor: entre yo y tú (uso este orden de forma deliberada: es lo más lógico, en este caso).

Sin embargo, soy consciente de que existen -de todos modos y ciertamente- elementos distorsionadores que nos están condicionando A TODOS (jóvenes o no) en asuntos triviales, o hasta en los niveles de la comunicación más serios y profundos. De una forma más simple: creo que no estamos hablando el mismo idioma muchos de los que creemos que sí lo hacemos. Posiblemente (ésta es mi hipótesis) se deba a que, sencillamente, no lo estáis aprendiendo de una forma correcta (y no voy ahora a entrar en disquisiciones sobre el concepto “corrección”); o puede que se esté produciendo, a una velocidad desmesurada y muy poco razonable (y, aun menos, conveniente), una evolución de los referentes lingüísticos -en los significados y hasta en los significantes- que ya parece que se nos va un poco a todos de las manos.

No me dirijo a ti, en este caso, si tú eres de los que me entendió desde el principio (te diré, con franqueza, que tu alegato sólo añade un poco más de confusión a la “polémica”, si me permites “corregirte”, considerada esa ambigüedad que me tiene un poco perplejo); pero debo afirmar ahora, ante el que me quiera escuchar y entender (claro: si es capaz), que creo haber planteado mis ideas -en cuanto al caso que nos ocupaba y ante vosotros- de forma clara y respetuosa: sin aludir a NADIE EN CONCRETO (cosa que recalqué, ¡y allá el que se dé por aludido!: tal vez sea por algo), y con todos los preámbulos necesarios y aclaratorios.

Por supuesto, no me desdigo en algo que sí que dije: que me considero, en términos de “valores cívicos”, por encima de la media de la generalidad de la población (tampoco lo considero nada del otro mundo, teniendo en cuenta lo que resulta ya tan patente en la sociedad española). Es algo que no puedo demostrar con datos fehacientes ni concretos, claro está, pero son las personas que me conocen las únicas que podrían dar fe de lo que digo. Me siento orgulloso de ello, y trato de comunicarle esos valores, laicos y cívicos, a mi hija, sobre todo; pero también a los alumnos que sepan exactamente de lo que les estoy hablando. Es cierto que he conocido a algunos que preferían no escuchar; o, tal vez, seguir en una dinámica que podrían haber aprendido de otros, y que a ellos les parecía bien: acertada y hasta encomiable.

Yo no he venido a este mundo a “predicar”, pero al menos creo tener el derecho a exigir que NO SE TERGIVERSEN MIS PALABRAS, ni las ideas legítimas que sostengo. Y lamento que UNA DE ÉSTAS IDEAS (u opiniones) SEA que considero que, en esta sociedad y en este preciso momento histórico, se están corrompiendo y devaluando demasiados “contratos sociales”; que se están superando demasiados límites; que se está tendiendo en demasía a una tolerancia enfermiza hacia el que transgrede y desprecia al prójimo; que nos estamos extralimitando, por tanto (¿un poco todos, acaso?), en esa constante “reivindicación” de lo individual, de lo directamente EGOISTA, con una arrogancia que, vista de lejos, se percibe patética, pero, en la proximidad de la convivencia, es peligrosa y puede llegar a ser trágica.

Es posible que muchos de vosotros no entendáis nada de lo que he dicho: puede que esto, precisamente, sea una prueba de lo que acabo de afirmar. Eso me preocupa y me entristece, pero estoy seguro de que siempre hay, al menos, unos oídos que oyen y escuchan: que, en definitiva, aprenden (y que conste: en la disensión TAMBIÉN se aprende). Yo seguiré diciendo lo que digo -o lo que sea que diga- por ellos. ¡Y a buen entendedor…!

Un abrazo… Abajo transcribo el texto al que éste replica:

“Hoy nuestro profesor de Cultura Audiovisual, una persona adulta, dio a entender a la clase su superioridad en cuanto a concepción cívica, lo cual para algunos resultó ofensivo… Y desde mi punto de vista no debería de haber nada vergonzoso en darse cuenta de que ésto no tiene nada de raro ni de malo.
No es tan grave, pero desde mi punto de vista sí que tiene un gran peso perjudicial carecer de un “sentimiento” propio que te impulse a aprender de los demás; y es eso mismo lo que creo que está pudriendo desde hace tiempo con el sector social más vulnerable: Los jóvenes.
Puede parecer un tópico, pero ya suficiente tienen algunos padres con lo que tienen, con los tiempos que corren es imposible no pensar en la Crisis, no pensar en el futuro de una manera desmesurada o desesperada, y eso puede tener como consecuencia una despreocupación ( a veces comprensible ) desde los padres hacia sus propios hijos.
El problema también está en pensar que simplemente estudiando, uno “auto-adquiere” esta concepción de la que hablo; y ahí está el verdadero problema, que tiene como consecuencia un “limitador” (Limiter) de las mentes, las cuales se alimentan de falsa sabiduría, ya que de no ser así, no se darían escenas como la que vimos hoy en clase.
…Espero poder tomar una decisión en mi futuro que me aleje de lo que viene, pues cada vez se sabe de más estafadores, mentirosos, delincuentes, agresores, y demás escoria, que sin dar un palo al agua, pueden llegar a vivir como reyes…; y lo vuelvo a repetir, ésto es un gran punto influenciable sobre la juventud.
 

Espero que no haya resultado ofensivo mi mensaje… Tan solo es mi opinión, la escribí para que aún sabiendo que me queda muchísimo por aprender, no se me tomase por un necio. Un saludo nos vemos en clase!”