Señuelos (“la vida es esa cosa que (se) te pasa mientras opositas”-I)

Podrá leerse el final de esta desternillante o conmovedora serie breve justo AQUÍ.

Hace días “sorprendía” a algunos seguidores (debo tener un total de cinco) con una confusa diatriba de sospechosas y trasnochadas connotaciones reaccionarias. Parecía decir un servidor -entre otras incongruencias- que la disgregación ofrecida por la libre expresión de las ideas (esto es, precisamente, lo que yo pongo en duda: su libertad) a lo largo y el ancho de banda; creciente, tal expresión, en forma geométrica y exponencial, por unidades temporales cada vez más cortas; es, como decía, justo lo opuesto a la democracia; o a la libertad; o, incluso, a la inteligencia. ¡Bien!: las apariencias a veces no engañan… Pero esta hipóteis no es, ni siquiera, original: estoy seguro de que Zizek, Todorov o Houellebecq ya lo han planteado, mucho antes que yo, de manera más brillante.

Ciertamente, la deriva desmesurada e inabarcable de la información-opinión no ayuda al progreso: ¡no necesariamente! Tal vez, incluso, muy al contrario. Un buen ejemplo de ello son las leyes que pretenden paliar algunas de las más inveteradas realidades y esencias humanas: las llamadas “leyes de la memoria histórica” o “contra la violencia de género”. Bienintencionadas o no, lo que cada día resulta más obvio es que sus efectos son, más bien, contraproducentes. Esto es algo que no va a reconocer la Neo-iglesia Neo-inquisitorial de las Buenas Esencias del Empoderamiento Anti-hetero-teo-patriarcal (de acuerdo: esto que ahora postulo SÍ es político); pero sus planteamientos revisionistas de “primer curso de revolución cultural” anti-libertaria -no precisamente muy sutiles e ignorantes de aquéllas inveteradas esencias- revuelven al avispero de los antirrevolucionarios, a menudo armados éstos (¡y aliados!) con los argumentos más aplastantes: los de la más elemental decencia y los del más prístino sentido común.

Por supuesto, aquéllos que sí se pueden considerar como reaccionarios puros y violentos vocacionales, gozan ante el espectáculo de los “provocadores”: así su “misión” cobra sentido. En definitiva, los extremos provocan y dan alas a sus facciones simétricas: tanta torpeza podría parecer enternecedora, si no fuera tan peligrosa.

En todo caso, y al margen de mis disquisiciones más genuinamente políticas: me reafirmo en mi necesaria y legítima puesta en duda de cualquier dogma. Superados los más clásicos, y alcanzado el éxtasis más radical y conceptual de los modernos y pos-modernos a lo largo del siglo XX (un auténtico callejón sin salida), me rebelo de forma individualista, y ya privado de toda esperanza… ¡que no sea la mía propia!; es decir: de aquélla que dimane de mí mismo; resignado, si fuese necesario, a la irrelevancia y al “silencio de Dios”: de ése que nos da sentido y nos impulsa (a veces lleva nombre de filósofo o de crítico de arte). Y, si hay que pasar por la figuración fotográfica, ¡pues se pasa!

A aquéllos intrigados por mi silencio: otro día prometo hablar (en otros foros, seguramente) de LAS OPOSICIONES; de las INTERINAS: de su ruina, de su injusticia, de su crueldad, de su absurdo, de su desolación, de su insolvencia, de su destrucción, de su vómito, de su estupidez, de su españolidad, de sus derrotas (por definición, son la mayoría), de su inoperancia, de su impotencia, de su naturaleza letal y obsesiva, de sus trampas, de sus corruptelas, de su inutilidad, de su estupidez, de su inutilidad, de su estupidez, de su inutilidad LETAL, ¡de SU LETALIDAD INÚTIL!… ¡Ah, pero nadie mentará una Ley Sacrosanta contra la destrucción letal, obsesiva, vomitiva, destructiva, estúpida, hispano-derrotista e inoperante-derrotada, desolada, cruel y asoladora de una muy hetero-homo-patria-matria-transversal generación, impotente y completa!… ¡JAMÁS!: mencionar lo más grave, extendido y urgente, se considera subversivo; y aparta a las masas estúpidas de los mil señuelos que las sobrevuelan.

Disfrutad, pues, de vuestras reivindicaciones divisorias y de género, mientras acaban con tod@s… como diría Mr. Arcadio Sword: “¡mi liberada!”.

P.D.: La verdadera “brecha salarial” -un abismo, más bien- la padecerán/padeceremos los “prescindibles” del E.R.E. masivo y cuasi-estatal en Educación (ya irán cayendo, poco a poco, otros colectivos), a partir del próximo primero de septiembre. Y los caídos serán de los dos o tres sexos, sin discriminación que valga: todo un “logro social”. (E.R.E.: Expediente de Regulación de Empleo. En román paladino, significa “echar a la gente a la puta calle”).

 

Anuncios

Mejoras apreciables (sobre todo tras tres años y pico de tortura), pero…

La empresa que instaló los ascensores de mi comunidad (un total de seis; y creo que ya no es necesario mencionarla) ha filtrado, por fin, los armónicos que se colaban en todos los altavoces, a decenas o cientos de metros a la redonda. Y debo agradecérselo, públicamente. Sin embargo…

Otros muchos aparatos sin “filtrar” aún me rodean y, por supuesto, se dejan notar; si bien, no con la intensidad insoportable de hace apenas unos pocos días. Por ejemplo: los ruidos que tan solo con el amplificador en stand-by ya eran perfectamente detectables, ahora son inaudibles o absolutamente despreciables.

El problema es que, en este punto, las empresas que estarían implicadas podrían ser no una, sino dos: la propia ORONA y la que, al parecer, instaló los ascensores del edificio que completa esta misma manzana. Tengo entendido que se trata de SCHINDLER (en cuanto confirme la “autoría”, se lo haré saber a éstos a la mayor brevedad).

Una reflexión: que seamos los usuarios -y no las Administraciones, las leyes y normativas por éstas promulgadas, o los organismos que debieran ser competentes en tales asuntos- los que hayamos de batirnos contra estos gigantes, cual “quijotes”, en desiguales y singulares duelos y combates, dejados al albur de las buenas o malas voluntades de aquestos titanes… ¡Da que pensar!, ¿verdad?… Ahí lo dejo; y hasta aquí puedo leer.

Novedades en torno al caso “reguladores de frecuencia”

Creo de justicia difundir -por medio de este enlace– lo que se podría considerar una suerte de desagravio para una de las partes implicadas; seguramente, la más importante de todas (véase # 110).

No obstante, no voy a renunciar a anteponer a cualquier otra consideración la exposición de HECHOS contrastados y, por encima de todo, de la verdad.

Escribid en el buscador: Interferencias con ruidos de alta frecuencia causadas por los reguladores de frecuencia de los ascensores en los equipos de sonido, micrófonos e instrumentos analógicos

El título de esta entrada es bastante elocuente y descriptivo. Además, ahora que me despido de la asignatura que he impartido durante dos cursos (Cultura Audiovisual), quizá sea oportuno recordar a mis antiguos alumnos de qué forma tan molesta y evidente se colaban esos MISMOS malditos ruidos -otros también, para ser honestos- en los altavoces de las aulas… Recordaréis que, de hecho, esos equipos debían mantenerse desconectados, la mayoría del tiempo, para evitarnos el dolor de cabeza.

Bien… ¿Y qué es un “regulador de frecuencia”? ¿Qué aspecto tiene?… Pues se trata de un aparato electrónico que sirve para controlar varias funciones de los elevadores, así como las de otros aparatos: entre otras, la velocidad a la que se mueven los susodichos. Su aspecto, bastante diverso, según las marcas, precios y modelos, puede ser éste:

Regulador de frecuencia-II

Su llegada a la industria de ascensores (adivinad de dónde nos vienen casi todos… Empieza por Chi… ¡Bingo!) es relativamente reciente, así que es posible que la mayoría de vosotros no tenga en su casa ningún aparato regulado por estos chismes. ¡No sabéis de lo que os estáis librando!… Pero podéis averiguarlo: AQUÍ.

Considero necesario y legítimo exponer este problema en un blog que se gestiona con vocación divulgativa; convencido de la necesidad de hacer perdurar el disfrute cabal, con criterio, exhaustivo y de calidad, de una valiosísima tradición sonora musical, así como visual, en el propio hogar, si así uno lo decide; dentro de las posibilidades de cada cual, claro está.

El caso es que, mucho antes de la invasión electrónica que padecemos, ya existían los televisores, los amplificadores, los micrófonos y los equipos de alta fidelidad. Son todos éstos, ahora, las víctimas de esa invasión, al ser interferidos con ruidos molestísimos, sin aparente control, por aparatos de uso masivo y -resulta evidente- no lo suficientemente supervisados.

¿Inconvenientes?: olvidaos de un disfrute pleno durante la escucha de vuestros vinilos, si tenéis uno de éstos trastos cerca (en realidad, emiten su endiablada señal a decenas de metros, si no son centenares); olvidaos de esto mismo con unos auriculares puestos, ya que el ruido os taladrará, de forma inopinada y aleatoria, el cerebro; olvidaos de grabar con un micrófono, en vuestro estudio casero, sin la inoportuna comparecencia de esa maldición a 10 kHz; olvidaos, tal vez, de escuchar en el equipo de HI-FI de casa ese DVD o Bluray sin la dichosa interferencia, de cuando en cuando, por encima de efectos especiales o diálogos; olvidaos, en definitiva, de disfrutar de cualquier tipo de altavoz en vuestras casas. Sólo ciertas fuentes digitales -en mi caso, el CD- “filtran” o paran, de alguna manera, la plaga… Esto explicaría que la mayoría de los usuarios -los “analógicos” suponemos ya una  muy “refinada minoría”- no haya presentado queja… sin olvidarnos de los que, simplemente, son indiferentes a lo que genere cualquier membrana vibratoria (no todos son sordos, ¡ojo!).

Una anécdota, bastante significativa: no encuentro referencia alguna a este problema en los buscadores -al menos, me está resultando difícil hacerlo- cuando tecleo en inglés… Saquen sus conclusiones. Me pregunto, por cierto, qué clase de perjuicios gravísimos pueden estar causando los reguladores, tal vez, en estudios profesionales de grabación. ¿Sabe alguien de algún caso parecido?… Sería interesante dar con ello.

Os adjunto un documento en el que se cuenta mi lamentable experiencia. Lo divulgo porque espero y deseo que ayude, modestamente, a resolver, poco a poco, un problema que se extiende y que debe ser solventado. Ya sabemos por parte de quién… Cuanto más trascienda y más presión de usuarios, afectados e insatisfechos, llegue a la industria y a la Administración (mi reclamación a la Delegación Cántabra de Industria ya ha sido tramitada), antes se pondrán manos a la obra; y así evitaremos, además, que se siga procediendo a la instalación de más aparatos sin las suficientes garantías. Gracias por vuestro interés.

TESLA (y otras ocurrencias)

Las “ocurrencias” son, como ya viene siendo habitual, defunciones: nos han dejado Laura Antonelli (una de las mujeres más bellas, desbordantemente sensuales y desgraciadas de la historia del cine europeo), Marujita Díaz (que en su estilo y circunstancias -española y en aquella época- también tuvo lo suyo; y, además, no creo que fuera nunca demasiado desgraciada) y James Horner, que así mencionado, pues igual no os dice mucho, pero si digo “Avatar”, “Titanic” o “Braveheart” puede que ya os quiera sonar… Y nunca mejor dicho, pues fue él el compositor (repárese en la importancia de un acento) de los fondos sonoros, espectaculares y resultones, de una profesionalidad irreprochable (si bien, en términos estrictamente musicales, poco originales), de esas películas de Hollywood y de otras muchas; con Oscars incluídos.

Y acabo de ver, para terminar, este artículo en El País (digital) sobre uno de los grandes genios de la física y de la tecnología del cambio de siglos, entre el XIX y el XX. En vida de Nikola Tesla, que de él se trata, lamentablemente, sus hallazgos y trabajo no se reconocieron como hubiese sido de justicia, pero esto es el planeta Tierra, habitado por humanos, y ya se sabe…