Cáncer (dedicado a Paloma Chamorro y al espíritu de toda una época)

Jesús Ferrero lo ha dicho: el cáncer nos asola. O eso parece. La última ha sido Paloma Chamorro. No la conocí, claro, pero formó parte -una muy importante- de mi vida. Ella lo hizo, como de la mía, de la de muchos “bichos raros” (que entonces no lo éramos tanto: la “rareza” era una suerte de virtud bien entendida y bastante extendida: ¡de poco nos ha servido!). Su programa “La Edad de Oro” duró apenas dos años, pero fueron decisivos e intensos. Por supuesto, las “fuerzas vivas” al timón de lo correcto (aunque la obsesión por la corrección de los que mandaban entonces era de otro tipo, claro está; no obstante, la obcecación y las nefastas consecuencias de la misma aún perviven en diferentes huéspedes, perfectamente fanáticos e intransigentes, con el agravante de “presunto liberalismo”) opinaron que su digno buque no debía consentir cruzarse en el ancho mar con semejante barcaza de dementes, viciosos, iconoclastas, minoritarios y transgresores de todo lo más sagrado, ya fuera ésto civil, religioso o militar.

Por supuesto, no podemos pensar en una “plaga bíblica” que se ceba en España tan solo. Pienso en Bowie y en tantos otros… El útimo ha sido John Wetton. ¿Cáncer?… Lo más probable. Imagino que es un “modo de vida”… Entonces, tal vez, estemos muchos condenados, ¿no es así?… Lo cierto es que lo que dice Jesús Ferrero en El Mundo del 31 de enero de 2017 no suena tan descabellado: creo en la “especificidad” hispana. Por supuesto, se puede englobar en el contexto europeo u occidental; pero algo nos diferencia: el desproporcionado peso de la DESILUSIÓN, del RENCOR y de la CONTRADICCIÓN en la química venenosa de nuestro pasado y de nuestro entorno.

Una vieja amiga (creo que podría añadir: de la infancia) me prestó un libro cuyo autor no consigo recordar, aunque sí podría asegurar que era centroeuropeo; austriaco, creo. El nombre de aquellas memorias (se trataba de un libro autobiográfico) era perfectamente recordable: “Cáncer”… La tesis de aquella obra tremenda era muy simple: el cáncer nos corroe con los ácidos de la infelicidad, el estrés y la tristeza. Ella, mi vieja amiga, padeció, en las carnes de uno de sus más directamente allegados, la maldición de la enfermedad, pero terminó “vacunándose” con el antídoto (cuya eficacia nunca ha sido del todo probada) de un matrimonio pronto y muy ventajoso; espero que, además, haya sido feliz. He perdido el contacto, así que desconozco el resultado de tal “experimento”. Por descontado, les deseo a ambos una larga y fructífera vida… juntos.

Esa tesis (a estas alturas, no creo que la desconozca nadie) me ha rondado la cabeza desde la lectura de aquel libro, bastante próxima en el tiempo a mis momentos vitales culminantes: coincidentes con algunos de los más lamentables y decisivos (no de la misma forma en que “La Edad de Oro” o el “Auambabulubabalambabú”, del ínclito Luís Avín, me afectaron decisivamente) encuentros, decisiones e indecisiones de mi propia vida; valga la redundancia. Casualmente, aquello se desencadenó en Madrid, así que la “Movida” se imbricaba, de algún modo, con lo que me pasaría entonces… Pero la decadencia ya se palpaba en el ambiente: recuerdo a Poch, el cantante de “Derribos Arias”, literalmente demente, con sus gafas rotas por el puente, pegadas con cinta aislante o celo, sentado solo, balbuceando incoherencias y la mirada perdida, en la mesa de una pizzeria de mala muerte en Malasaña. Corría el año 1991. Moriría Poch no muchos años después de aquella visión espectral de una época, entonces ya en pleno desmantelamiento… ¿Os acordáis, viejos e ilusionados votantes de un partido socialista aún vivo? (o eso parecía).

Creo que no ofenderé a nadie si me permito sacar a colación a otro donostiarra bastante demente (o demencial: buena persona, en todo caso) con el que coincidí en esta “aventura”: el fundador de “Duncan Dhu”, Juanra Viles. Acabo de averiguar que finalizó sus devaneos “artísticos” al encauzar su vida, adecuadamente, a través de los “almamáteres” de Deusto y del Peneuve (sin duda, ¡sentó la cabeza!: ser de buena familia es lo que tiene). Sea como sea, a un pobre cántabro ex-votante socialista, como mucho, se le habrá podido permitir ser testigo de estas fructíferas trayectorias; o, por el contrario, aspirar a más, sí, mas tan solo mediante la venta al diablo y la renuncia de una identidad que parece que no se ha dejado cuajar nunca… Os sacaré de dudas: Juanra y yo compartimos habitación en la misma pensión de Lejona, en la que ambos solíamos ver “La Edad de Oro”; eso cuando Jose Ferreño (más tarde conocido como Andoni Ferreño) y sus secuaces de CC. de la Información nos lo permitían. Con frecuencia le llamaba “Felipe” a Juanra, no sin cierta malicia. Él abandonó los estudios de Bellas Artes. Yo no… Por eso él ahora es político y… yo no (y porque él es ciudadano de la “Perla del Cantábrico”, superpotencia cultural, industrial, playera, paisajística y gastronómica global, claro; yo sólo nací y habito una entelequia, al borde de la consunción y de la más absoluta irrelevancia, llamada Santander: no está mal Santander; lo malo es que ya ni los de aquí lo sabemos… ¡no digamos las oligarquías político-económicas o los de la propia tele, incluida TVE!).

¿Ven cómo salen los “venenos” a relucir?… No es tan difícil adivinarlo: la división, el rencor, la decepción, la desilusión de los buenos: de los que habremos dedicado la vida a esperar que nuestra lealtad y esfuerzos (nuestra buena voluntad) fuesen ALGÚN DÍA premiados, reconocidos… La traición, la mediocridad, la manipulación, la escisión, el maniqueismo, el victimismo consentido y subvencionado, la promesa siempre pospuesta “sine díe”, la acumulación de prebendas y de herencias, el inevitable fracaso: hereditario, contagioso, pero inducido, potenciado… ¡fomentado por los que creen que lo poco que tienen y queda, aún menguante y con todo, ha de ser acaparado!: por ellos.

Cainismo, se dice. Cancerismo, me tomo la libertad de “inventar”: un veneno lento y a muy largo plazo. Aleatorio, pero de incidencia creciente, con los años. Los buitres nos contemplan: los propios y los ajenos… Por eso te debo recordar a ti, Paloma: ave rendentora, que se extingue en todo, salvo en nuestro recuerdo: siempre volarás en él y con los que aún conservamos tu voz y tu imagen, grabadas e indelebles, como símbolos de una época quizá no tan luminosa, después de todo, pero sí esperanzada.

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Y además…

Mose Allison (uno de mis primeros discos de jazz fue el nº 19 de la colección “That´s Jazz” de Atlantic, editado en España por Hispavox: dedicado a Mr. Allison, claro). Siquiera si fuera por aquel “Stop This World”, casi un himno, cada día más vigente (al menos, para mí; con los años fui descubriendo otras maravillas: “Lost Mind, por ejemplo), ya se podría considerar ineludible rendir un homenaje a este beatnik, a este “hipster” avant la lettre *. Un tipo blanco en un mundo predominantemente “de color”, fue pianista, cantante, compositor de música y letrista de sutil retranca e ironía (“Your mind is on vacation”). Muchos lo admiraron, versionearon y copiaron: Van Morrison, The Yardbirds, The Who, John Entwistle, Elvis Costello, The Clash, Georgie Fame, Bonnie Raitt, Blue Cheer, John Hammond, Paul Butterfield, John Mayall, Diana Krall, Manfred Mann, Robert Palmer, The Bangles… ¡y Leon Rusell! Podemos verlo, incluso, en algún cameo, como en “The Score”, de Frank Oz. En fin, otro más que nos deja y descansa en paz: ciertamente, con lo que deja atrás, podemos decirlo… Nos estamos quedando muy solos, ¿eh, Mose?

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A propósito de Leon Rusell: un músico entre los músicos (en el ámbito del rock, el pop, el rythm&blues y el country, entre otros géneros), compositor, arreglista y pianista brillante. No puedo hablar con mucho conocimiento de causa (ausente en mi colección, debo reconocer), pero imponía respeto su labor: colaborador de Phil Spector, Frank Sinatra, The Byrds, Joe Cocker, J. J. Cale, Bob Dylan o Elton John. Una de sus composiciones se hizo célebre y ha sido versioneada por infinidad de artistas: “A Song For You”. RIP.

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* En realidad esto de los “jipsters” es ya muy antiguo, como su aspecto actual a cualquiera con ojos le podría hacer deducir: todo viene de los EE.UU. de América -¡de dónde si no!- y se remonta a una cultura o modo de vida que se desarrolló en un ámbito cultural, socio-político y económico muy específico y urbano (años 40 y 50, sobre todo). Lo de ahora es el típico renacimiento superficial y nostálgico, que apenas se concibe como una excusa para fomentar una estrategia de “márquetin” y “merchandaisin niueich”. ¡Pero cada uno es muy libre!…

Homenaje a nosotros mismos (para variar) / A June Tabor, en realidad

¿Por dónde empiezo?… A ver… Desde hace sólo unos pocos días cuento con sendas copias de CD´s: “Ashore” (2011) y “Freedom & Rain” (1990), ambos obra y gracia de una mujer de la que la mayoría de ustedes no ha oído hablar en su vida: JUNE TABOR.

Luego, si cuadra, explico desde cuándo y por qué conozco a la que, con el tiempo, se convirtío en uno de mis vicios más confesables: escuchar la voz profunda y conmovedora, las interpretaciones inconfundibles de esta inglesa. Por allí, por las tierras del “brexit”, Tabor es una especie de “monumento nacional viviente” del folk. En España (sé que un buen número de los que kortan el bakalao en esto del folk hubiesen preferido la “expresión” Estado Español, pero… ¡qué quieren!: ¡hoy celebramos Santiago!)… en España, decía, el club de fans de la Tabor lo formamos unos cinco; o por ahí. Me siento muy orgulloso de ello, pero es una pena.

¡Y hablando de penas!… Iré al grano en cuestión: esos dos discos, ya mencionados, contienen la versión original y otra, más tardía, de cierta canción: “Finisterre”. Se preguntarán ustedes qué tiene de particular… Verán…

No, no son imaginaciones suyas: “Santander!”… ¡Varias veces! Por supuesto, su autor, Ian Telfer, violín multinstrumentista y compositor de la “Oyster Band”, algo tuvo por estas tierras, que mencionó, de forma tan evocadora, en una hermosa canción. Por cierto: aún faltaban casi un par de décadas para que este toponímico resultase ciertamente familiar a casi todo británico; pero no por lo que a la mayoría de nosotros nos hubiese gustado, ¿no es cierto?… ¡Aunque menos da una piedra! (generosas éstas, si las comparamos con un banco, en verdad).

Por supuesto, la escena uno no se la imagina en un ferry llamado “Pride of Santander” (la empresa francesa Britanny Ferries, a pesar de llevar operando desde Santander más de cuarenta años, no cuenta entre su flota ni con un sólo buque que aluda o mencione, siquiera remotamente, a estas tierras de Cantabria; ahora abundo en estas cosas), pero es evidente que cierto amor se urdió y se esfumó a partir de una o varias travesías, entre Santander y Plymouth, hace ya unos cuantos años. Todo esto me lleva, inevitablemente, a imaginar la letra de esta hermosa balada con la palabra “Bilbao” en sus estrofas… O, incluso, La Coruña… ¿Lo imaginan ustedes?: una calle del Kasko Biejo ya llevaría el nombre de Miss June Tabor. Y la E Street Band la habría versioneado en su gira de las “Seeger Sessions”… ¡lo menos! Y existiría una delicatessen llamada Tábor-pintxo; y, por descontado, ella habría cantado en el Euskalduna la canción “bilbotarra” cinco o diez veces. ¡No sé si me explico!…

Entonces, uno, que a lo mejor es un poco raro y obsesivo, se pone a reflexionar y a preguntarse… ¿¿¡¡¡QUÉ COJ… NOS PASA!!!??… ¡Ahí lo dejo! Porque es que, me temo, ya todos nos sabemos la respuesta y toda esta vieja historia de memoria. ¿No es verdad?…

La Tabor -y aquí desvelo el origen de todo esto- es otro de los regalos, vitalicios e imborrables, que Irlanda (y Gran Bretaña, seamos justos) me hizo entre los años 92 y 94 del pasado siglo: a partir de un hermoso y completísimo recopilatorio, la fascinación sólo creció con los años: era merecido e inevitable. Luego descubrí que otro de mis ídolos (entre otros mucho, claro está), un tipo con el suficiente buen gusto como para casarse con Diana Krall, Elvis Costello, la adoraba. ¡Normal!

Termino… Me apuesto, lo que ustedes prefieran, que esta ya madura e imponente mujer, si nos hace una visita, será antes vista y escuchada en el “Euskalduna” que en el “Palacio de Festivales”… Si yo supiera qué hacer -¡y por dónde empezar!-, me pondría a trabajar para perder la apuesta (si es por dinero, ¡lo mejor será que me atenga a ella!). Aunque… puede que ya haya empezado a hacerlo: de alguna manera, tal vez. Ojalá…

Un último regalo (Love you, June!):

 

Estrella deslumbrante

Silencio. Estrella negra… Llevo un tiempo sin el impulso de escribir apenas nada. Ahora detengo esta indiferencia -¿por un segundo?- y pienso en ti, David Robert Jones. En realidad, hoy lo he hecho casi todo el día… aunque no me haya pillado por sorpresa tu adiós: lo leí y hasta lo vi en tus últimas canciones.

Apagado hoy tu aliento, recuerdo esos vientos de cola con los que tus “Scary Monsters” (primero; luego vendrían “Ziggy”, “Hunky Dory”, “Station to Station”…) impulsaron la ilusión, algo ensoñadora, pero atrapada y perpleja, de un pobre español sin conocimientos de inglés (entonces así era; y aún por muchos años) al inicio de los años 80. No sé si puedo explicar mejor este hecho fabuloso: el de un pedazo de vinilo girando, una joya para mí valiosísima y escasa, amplificado y amplificando, aportando un… ¡sentido!; canción tras canción. ¡El rito, la liturgia, el gran provecho que le sacamos a la escasez, con toda la vida aún por delante!

Desde luego, nada fue como se nos dijo que debía haber sido. Pero… ¿quién contó alguna vez con eso?… Por ello, cuando todo se enredaba absurdamente entre tentativas poco o nada fructuosas o verdaderos palos de ciego; o se desvanecían el tiempo y el espacio -un día ocupados por todas nuestras vanas ilusiones-, siempre pude contar con, al menos, la música; también con la tuya, David… además de la de Van, la de Joni, Lou, Iggy, Peter (Hammill & Gabriel), Ian (Curtis), Led Zep, Miles, Trane… Cientos de vientos, cientos de alientos. Luego, poco más tarde, recuperé y profundicé en el jazz, el soul, el folk, el R&B y la clásica: así, un músico DEFINITIVAMENTE frustrado se asentaba en medio de semejante, apabullante inmensidad… ¡Pocas cosas han merecido más la pena!

Sin embargo, Bowie era -siempre lo has sido- mucho más que música. No puedo añadir más a lo que miles de escritores, con más talento y conocimiento de causa, deben de estar escribiendo ahora mismo…

Te diría que tu partida profundiza todavía más el socavón cultural, social, artístico… ¡incluso antropológico, humano!… que, a estas alturas, más que se intuye en la “Vieja Europa”: la corrompida, la impotente, la vendida, la ajada, la auto-genocida… Otra pieza más que pierde la maquinaria de este reloj que amenaza pararse, tras décadas de prosperidad, confianza, creatividad y vanguardia. Es ley de vida, sí: el problema de estos días es que no se ven relevos, ni ilusión ni coraje. Así, dejarse arrastrar por el reguero de la estrella negra no podría resultar más desolador; idea ésta que me conmueve, al pensar en el vacío inmenso de tu último fundido a negro, David, mirando la nada a través de dos botones y una venda. Pero casi te envidio…

Ashes to Ashes! Funk to Funky!… As long as there´s sun?… As long as there´s you.

 

Paying homage to The Fall

Simplemente, me parece una obra maestra. Y describe mi estado de ánimo con una precisión inconfundible. Enjoy it!

” Stick it in the gut
Stay in the mud
They take it from the medium poor
To give it to the medium poor
Via the government poor
And give it to the poor poor
Stick it in the gut
Red composite
Wealthy philanthropist
You son of a bitch

Entranced
Entrance
Entranced”…

I´m So Sorry, Nick

Nada puede haber peor que esto… Es sólo un humilde homenaje.

I don’t believe in an interventionist God
But I know, darling, that you do
But if I did I would kneel down and ask Him
Not to intervene when it came to you
Not to touch a hair on your head
To leave you as you are
And if He felt He had to direct you
Then direct you into my arms

Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms

And I don’t believe in the existence of angels
But looking at you I wonder if that’s true
But if I did I would summon them together
And ask them to watch over you
To each burn a candle for you
To make bright and clear your path
And to walk, like Christ, in grace and love
And guide you into my arms

Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms

And I believe in Love
And I know that you do too
And I believe in some kind of path
That we can walk down, me and you
So keep your candles burning
And make her journey bright and pure
That she will keep returning
Always and evermore

Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms

Fu Manchú y Ornette han salido juntos de viaje

Debemos decir adiós de nuevo: Christopher Lee y Ornette Coleman. Actor el primero, conocido por todos, imagino (Los “Drácula” de la Hammer y “El Señor de los Anillos”, al menos, me permiten suponerlo); músico de jazz, el segundo.

De Sir Christopher Lee no voy a decir casi nada, ya que le voy a dejar ese privilegio a otro “ilustre de la Serie B”: Jesús Franco (a.k.a. Jess Franco). En este enlace, que os conectará a un artículo de 2004 -Franco ya lleva muerto unos años-, podréis comprobar que los viejos maestros de cierta generación, por muy “B” y cutres que fuesen, sabían narrar; sabían escribir.

¿Lo habéis leído ya?… Poco más se puede añadir, ¿no es cierto?. Excepto que el nombre de Sir John Gielgud está mal escrito; y que, efectivamente, Mr. Lee tenía esa profesionalidad británica, esa presencia carismática, esa planta solemne que pocos poseen. Su físico estaba “diseñado” para representar las figuras en las que, no obstante y -en cierto modo- a su pesar, fue encasillado: vampiros, momias, aristócratas altivos, magos y mil y un “malos malísimos”, en un cine de medio o bajo presupuesto. Por fortuna, al final de su carrera, un blockbuster le compensó, de alguna manera, tanta fatiga en la “Serie B”: la ya mencionada saga, dirigida por Peter Jackson.

De Ornette Coleman (para los entendidos, simplemente Ornette) os diré que descoyuntó el jazz desde finales de los años 50. Él, casi solito -muchos se unirían a esta tendencia, enseguida: su inseparable Don Cherry, John Coltrane, la Escuela de Chicago, Eric Dolphy, Andrew Hill, Cecil Taylor, Jackie McLean y hasta, en cierto modo, los propios Charlie Mingus y Miles Davis, pre-revolucionarios por derecho propio-, desencadenó una onda expansiva, radical y liberadora… ¡Nunca mejor dicho!: el Free Jazz, tan característico de una época (los años 60, sobre todo), equivaldría al informalismo y la abstracción plástica más radicales (Pollock, Rothko, Stella, Rauschsenberg, De Kooning, etc.); de hecho, sería al jazz lo que el atonalismo y el serialismo significaron para la música culta.

Esa anti-música, estridente y desmadrada, tenía, sin embargo, más sentido de lo que la mayoría pudo reconocer en ella. Además, Ornette Coleman poseía un extraño don para la “melodía” (en su caso debiéramos decir, más bien, harmolodía). Baste escuchar esta joya, mil veces versioneada: “Lonely Woman”.

Se nos van ya de dos en dos… Pues eso: que descansen en paz.

A propósito de Carlos Saura

Hasta donde me alcanza la memoria, ha sido siempre un director polémico. Con prestigio, sí; pero no creo que nadie pueda decir que haya sido muy “popular”. Sus éxitos REALES entre el gran público han sido más bien escasos: “La caza”, “Cria cuervos”, “Elisa, vida mía”, “Mamá cumple 100 años”, “Deprisa deprisa”, “Bodas de sangre”, “Carmen”, “Ay, Carmela”, “Sevillanas”… No es demasiado, para un director tan prolífico.

Sea como sea, algún día convendrá revisar la obra de este oscense, cineasta, escritor, fotógrafo, dibujante y hermano de pintor (Antonio). Aprovecho el artículo que, recientemente, le han dedicado en el diario El País para daros la oportunidad de conocer a Carlos Saura.

Leopoldo Pomés: por si vais a Barcelona en vacaciones

Fotógrafo y publicista de la “escuela catalana” de creativos. Lo cierto es que esa escuela, a lo largo de muchas décadas -y no sólo en publicidad-, fue sinónimo de “escuela española”. Susceptibilidades aparte, más o menos sobrevenidas, la importancia de la capital catalana, en más de una vanguardia artística y/o industrial, ha sido innegable. Supongo que todos deseamos que siga siendo así, de forma indefinida.

Por lo tanto, con la excusa de esta exposición-homenaje al ya veterano Pomés, os enlazo al artículo que El País publicó hace ya unos días.

De su obra, y puesto que uno ya tiene “cierta edad”, os puedo decir que él fue responsable de un estilo y de la creación de más de un icono, que ha quedado grabado en la memoria de un par de generaciones.

Más visiones de un posible (y no tan lejano) futuro

Os enlazo a un par de “publirreportajes” que describen, de forma bastante idílica (todos son muy guapos y felices, ya veréis), la apariencia de un mundo posible y ya casi inminente. Lo malo es que, así de bonito, parece improbable

Algunas de las aplicaciones que veréis a lo largo de esta hiper-tecnificada jornada ya podrían ser, de hecho, puestas a punto, de forma casi inmediata; pero las prioridades de la industria electrónica pasan por la rentabilidad y “dosificación” de sus productos -imprescindible, en este sentido, la implacable filosofía de la programación de la obsolescencia.

Será el grafeno -material casi “milagroso”, que hace posible la fabricación de conductores con el grosor de… ¡una molécula!-, el material imprescindible en la increíble miniaturización de circuítos, componentes y aplicaciones.

Como curiosidad y avance de lo que, tal vez, os espere, no está mal.

Una historia de la televisión en España

He encontrado este documento en You Tube sobre los balbuceos de la televisión en España (o, más bien, de Televisión Española), que, como muy bien sabéis, se fundó en un edificio no muy grande del Paseo de la Habana, en Madrid.

La producción, al parecer, es del año 1996 -se celebraba entonces el 40 aniversario de TVE-, y el tono es más bien ligero y humorístico, pero bien os puede servir para haceros una idea de cómo fueron los sencillos orígenes de algo que para vosotros, hoy en día, resulta tan masivo, tan cotidiano y normal como el aire que respiráis.

Sin embargo, aquella televisión sólo era visible, entonces, para un selecto grupo de privilegiados de la provincia de Madrid (aunque la programación, todo sea dicho de paso, no fuera nada del otro mundo; apenas unas pocas horas de música y danzas, en directo, así como películas del NO-DO). De hecho, aún habría que esperar a la década de los 60 para que la cobertura de uno de los canales -el VHF, conocido popularmente como la “Primera Cadena”- fuera casi tam amplia como la del territorio nacional. Otros veinte años más, por cierto, habría que esperar en las “provincias secundarias” -la de Santander, por supuesto, era una de éstas- para tener el privilegio de añadir a la lista de canales el UHF, o “Segunda Cadena” (la 2 actual), nacido el 1 de enero de 1965.

Asimismo, os remito a una entrada antigua en la que podreís enlazar con un reportaje, mucho más reciente, en el cual se repasa la historia de los servicios informativos de TVE. Creo que merece la pena que le dediquéis unos minutos.

Siguientes pasos: la edad dorada del cine mudo, la transición a los “talkies” y otros hitos tempranos

Al Jolson junto a una madre embelesada

Para empezar, os remito a varias entradas antiguas en las que se reactivarán, en algunos casos, los enlaces de descarga; como siempre, durante un periodo de tiempo limitado (hasta el 22 de marzo). Lo veréis al final y a lo largo de esta entrada.

Estamos, pues, en la culminación industrial y artística de una nueva forma de Arte. Sin embargo, a finales de la década de los 20 del siglo pasado, se desencadena una revolución que, salvando las distancias, podría equivaler a la que vivimos hoy en día: la adición del prefijo “audio” a la tecnología “visual” provocó un terremoto en Hollywood -sobre todo en aquel páramo californiano, pero no de forma tan traumática en Europa-, que arruinó ciertos negocios y no pocas carreras, algunas de las cuales se podían calificar entonces como gloriosas. En mayor o menor medida, nombres tan eminentes y memorables como Gloria Swanson, Erich Von Stroheim o Buster Keaton (¡los tres aparecen en la maravillosa “Sunset Boulevard”, de Billy Wilder!, no por casualidad), empezaron a declinar a partir de 1927… La terrible crisis de 1929 supuso la puntilla para la economía y esperanzas de millones. Imagino que la rutilante “ciudad de los sueños”, Tinseltown, no fue ajena a esto. Todo este proceso, a propósito, lo podréis ver, expuesto de un modo jocoso y magistral, en una indiscutible OBRA MAESTRA: “Cantando bajo la lluvia”, dirigida por un jovencísimo Stanley Donen, entre 1951 y 1952, con la inestimable ayuda del coreógrafo, cantante y actor, Gene Kelly. Ninguno debería dejarla de ver, si aún no lo habéis hecho.

Por supuesto, al tiempo que unos se arruinaban, otros se forraban (es una vieja historia, que se repite y se repite, a lo largo de los siglos). Los grandes estudios, las “Majors” (20th Century Fox, Warner Bros., Columbia, RKO, Metro Goldwyn Mayer…), tuvieron la visión, la potencia económica y tecnológica suficiente para sobrevivir y florecer con la llegada del cine sonoro. Ya en la década de los 30, el color culmina un proceso que sienta las bases definitivas de lo que hoy entendemos por cine.

Sin embargo, el mundo no se para, y tras el terrible “receso” de la Segunda Guerra Mundial, la irrupción paulatina de la televisión en la mayoría de los países económica y tecnológicamente avanzados -empezando por Gran Bretaña y los Estados Unidos-, impone nuevos retos a la industria del entretenimiento masivo. El cine responde con nuevos y espectaculares formatos de proyección y sonido, además de generalizar el uso del color. Así pues, conviene echarle un vistazo a este largo, accidentado (está repleto de sonados, ruinosos fracasos) y fascinante proceso.

OTROS ENLACES:

More Bananas! (The Tweedy Family putting up a struggle)

Lo sé: es una debilidad mía, y la “Saga Wilco” ya ha aparecido antes por estas páginas. Lo cierto es que acabo de ver esta joyita -que cuenta con la participación del imponente Michael Shannon, protagonista de la interesantísima “Take Shelter” y muy destacado en “Revolutionary Road”, de Sam Mendes, por ejemplo-, y no me puedo resistir a colgar el vídeo, cachondísimo y con mucha mala baba, que el líder de Wilco y su hijo, Tweedy Junior, han realizado con una de las canciones de su disco, grabado a dúo por ambos (Spencer Tweedy es el batería; papá toca todo lo demás). Por cierto: ¡comprádselo, tened compasión!.

Sé que el hecho de no poder entender el diálogo en inglés (monólogo, más bien) le podrá restar algo al disfrute de esta obra paródica -también auto-paródica-, que plantea, con bastante humor negro, la situación por la que la industria músical, así como la propia música pop, en general, atraviesan hoy en día.

Creo que, si le pilláis ese “punto” sardónico y malvado, os puede gustar. Así lo espero…

Movimientos de cámara, transiciones y otros recursos del lenguaje audiovisual (el documento prometido)

Quizá con algo de retraso, llega por fin a estas páginas lo que con tanta ansiedad estábais esperando: un documento WORD con profusión de terminología y enlaces acerca de la sintaxis cinematográfica. Se trata del mismo que hemos estado viendo en clase.

Os recuerdo que estará disponible a lo largo de un periodo limitado: hasta el día 17 de este mes (2015).

Para terminar, unas palabras del maestro: